Carlos Álvarez fue condenado por conspirar al actuar como agente no registrado del Gobierno de Cuba y su esposa por haber tenido conocimiento de las actividades de su esposo y no impedir que continuara, según la sentencia dictada por el juez Lawrence King, de un tribunal de Miami.
La pareja se libró de recibir condenas de cárcel más severas con una declaración de culpabilidad formulada en diciembre pasado, tras haber alcanzado un acuerdo con la Fiscalía.
Alex Acosta, fiscal federal del distrito sur de Florida, declaró que el matrimonio, de origen cubano, faltó al juramento de fidelidad al país que prestaron cuando obtuvieron la ciudadanía estadounidense.
"Las condenas reflejan la gravedad de sus delitos", dijo. Álvarez, de 61 años, era un profesor de psicología de la Universidad Internacional de Florida (FIU), en Miami.
Espía secreto durante 30 años
El ex académico trabajó cerca de 30 años como agente encubierto de inteligencia para el gobierno cubano y entre 1977 y el 2005 se reunió con personas que trabajaban para el Servicio de Inteligencia de Cuba, precisó la Fiscalía Federal.
Siguiendo las ordenes de esos agentes recogió y transmitió información, entre otros aspectos, sobre los grupos del exilio.
Gran parte de las pruebas se hallaron en un ordenador del matrimonio Álvarez, donde estaban archivados informes sobre las telecomunicaciones cubanas, contactos con algunos activistas del exilio y con funcionarios del ex presidente Bill Clinton.
Los informes que redactaban los acusados estaban firmados por "David y Deborah", los nombres dados a la pareja por el Servicio de Inteligencia de Cuba, de acuerdo con los fiscales.
El matrimonio, detenido en enero del año 2006, inicialmente se declaró inocente y llegó a solicitar un juicio con jurado.
Sin embargo, cuando otro juez autorizó incluir en el caso la confesión de Álvarez a agentes del FBI y el contenido del disco duro de su ordenador, el caso se complicó para el matrimonio, porque podrían afrontar hasta un máximo de diez años de prisión.
Entonces, el ex profesor admitió ante agentes de FBI que colaboró con funcionarios cubanos de inteligencia, lo que incluía hacer uso de un ordenador, codificar disquetes y viajar a la isla caribeña.
El matrimonio Álvarez fue acusado en enero pasado de no haberse registrado como agentes de un Gobierno extranjero.

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