Si alguien pregunta en Francia quién representa mejor que nadie la canción popular del país en el siglo XX, la respuesta mayoritaria sería Piaf, conocida también como "la môme", término traducible como "muchacha".
Se trata de una alusión a la figura enjuta de la cantante, que no llegaba al metro y medio de altura, pero que no se corresponde con la energía y carácter que desplegaba dentro y fuera del escenario.
Una vida abrupta
Aparte de sus dotes como artista, Piaf se benefició de las múltiples experiencias vitales que hacían de ella todo un personaje, desde una infancia difícil, parte de la cual pasó en un prostíbulo que regentaba su abuela, hasta una muerte prematura, propiciada por las enfermedades, el alcoholismo y la adicción a la morfina.
La muerte de Piaf no ha supuesto el olvido y cada año vende en torno a 30.000 discos, pero esa cifra podría nultiplicarse este año, gracias a la aparición de una película: "La môme", de Olivier Dahan.
Renace el mito
Aunque la vida de la artista ya había sido llevada a la gran pantalla, con poco éxito, la película con la que se abrió la pasada Berlinale ha pasado a ser el acontecimiento cinematográfico del año.
Cuenta para ello con un presupuesto cercano a los veinte millones de euros (cuatro veces más que una película media en Francia) y, sobre todo, si hacemos caso a los críticos, con una actuación magistral de la protagonista, Marion Cotillard.
Es cierto que la promoción ha sido muy cuidada y que desde hace meses la prensa francesa ha accedido con cuentagotas a detalles del filme, en especial a la transformación de Cotillard en la "môme".
Como demuestra la experiencia, la publicidad de un producto se mejora si se "vende" desde diversos ámbitos y, así, las librerías y tiendas de discos han llevado a sus vitrinas biografías sobre el mito revivido y recopilaciones de sus canciones, incluida la banda sonora de la película, que ya está entre los títulos más vendidos.
Un perfume, "La Môme"
Piaf tiene calles y museos y su tumba en el cementerio parisino de Père Lachaise es visitada cada día y cuenta con flores frescas, símbolo del aprecio popular, que llega incluso hasta quienes no la conocieron.
Legendaria
Edith Giovanna Gassion -el nombre de "Piaf" (gorrión) se lo puso el propietario de un cabaré donde cantaba de joven- ha pasado a la historia por su ropa negra, por sus manos expresivas y por el modo arrebatador con el que cantaba.
De esa historia vuelve ahora para regalarnos, a través de diferentes formatos, una de las canciones de amor más famosas, La vie en rose y, sobre todo, su testamento, la pieza con la que se identificó en las postrimerías de su vida y con la que dejó claro que nunca se arrepintió de nada de lo hecho: Je ne regrette rien.

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