Los pequeños microchips que se insertan en cajas, billetes y otros productos para controlar su distribución o verificar su originalidad son cada día más diminutos.
Hitachi ha presentado un chip de circuito integrado que tiene 0,4 mm x 0,4 mm y un espesor de 0,6 mm, aún más pequeño que el prototipo que Hitachi presentó el año pasado.
El llamado Mu-chip es tan fino que puede incrustarse en una hoja de papel y sirve perfectamente como etiqueta de RFID (Radio Frequency IDentification).
De este modo pueden incluirse en todo tipo de productos: en envases de alimentos para controlar su distribución, en entradas de conciertos para evitar falsificaciones...
Pero este chip no alcanza aún el límite de tamaño mínimo, el próximo de Hitachi, que aún no tiene nombre, será 60 veces más pequeño que el Mu-chip, pero podrá almacenar la misma cantidad de información (128 bits de información almacenada en modo sólo lectura).
El único problema es que este dispositivo, a diferencia del Mu-chip, necesitará una pequeña antena externa.
La compañía aún no tiene planes para comenzar la producción comercial del nuevo chip.
Estos minúsculos microchips nos acercan un poco más a la literatura de ciencia ficción y plantean nuevas preocupaciones sobre el uso de la tecnología que puede convertirse tanto en una gran aliada del hombre como en una cómplice del Gran Hermano de Orwell.




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