'Somos un país de locos', dijo el ministro de Exteriores Massimo D'Alema a un diario después de la inesperada dimisión de Prodi el miércoles tras sufrir una derrota en el Senado sobre su política exterior.
Pero tanto Prodi como D'Alema, que ocuparon el cargo de primer ministro durante un breve periodo de tiempo, saben por experiencia propia que Italia está acostumbrada a las revueltas políticas internas, lo que explica por qué los mercados financieros prácticamente no se inmutaron por la última crisis.
Tras ganar el año pasado las elecciones más reñidas desde la posguerra italiana para dirigir el gobierno número 61 desde la Segunda Guerra Mundial, Prodi renunció el miércoles tras una revuelta en su coalición izquierdista compuesta por nueve partidos en la que hay desde católicos a comunistas.
'Camaradas, vámonos todos a casa', tituló el diario derechista Il Giornale, próximo a Silvio Berlusconi, el magnate de los medios que espera regresar al poder si se celebran nuevas elecciones. Ha sido el único primer ministro que ha agotado su mandato desde la guerra, pero también tuvo que dimitir y reformar su gobierno debido a luchas internas.
Ahora el presidente Giorgio Napolitano debe encontrar una salida a este 'impasse' y mientras Prodi continúa como primer ministro provisional.
POSIBILIDADES
Hay tres escenarios principales.
Si Napolitano encuentra un respaldo suficiente para Prodi entre los partidos de centroizquierda, podría pedirle o que forme un nuevo gobierno o ir al Parlamento con su actual Gabinete para afrontar un voto de confianza. Si ganara, podría seguir en el cargo.
Si carece de apoyo, Prodi podría buscar respaldo en grupos como la Unión de los Democristianos, aliados reacios de Berlusconi o Napolitano podría pedir a otra persona, posiblemente al ministro del Interior, Giuliano Amato, que forme un gobierno de expertos con respaldo de partidos de todo el espectro.
Si no hay un acuerdo sobre quién debería ser primer ministro, Napolitano se vería obligado a disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas, aunque esta opción parece improbable por ahora.
Algunos analistas dijeron que cualquier gobierno de Prodi sería extremadamente débil y vulnerable a las luchas internas entre sus aliados, que están en desacuerdo en todo tipo de cuestiones, desde las misiones militares de Italia en el extranjero hasta los derechos de los homosexuales.
Después de su elección el pasado abril, Prodi, de 67 años, disfrutó de un breve período de luna de miel, pero sus niveles de popularidad se hundieron cuando aprobó un presupuesto para 2007 de recorte de déficit para alinear a Italia con las exigencias de la UE.
/Por Stephen Brown y Silvia Aloisi/




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