La estrechez del puente, entre las avenidas de la Palmilla y Ramón y Cajal, es de los problemas que más preocupa a los vecinos de Palma-Palmilla.
Desde hace ocho años reclaman la ampliación del puente. Hasta que en junio del año pasado, cansados de que no hubiera solución, se echaron a la calle unos 200, entre discapacitados y madres de niños que lo cruzan para ir al colegio. El distrito había concluido que ensancharlo era «técnicamente inviable» y demasiado caro.
Entonces, la concejala Mercedes González prometió que se estudiaría una alternativa. Ayer, Urbanismo sacó a concurso las obras para hacer la pasarela metálica peatonal en la acera norte con un plazo de cuatro meses y por casi 128.000 euros.
«Los vecinos están contentísimos. Había que buscar una solución técnica: todos estábamos locos por arreglar el problema», afirma González. Pilar Duarte, de la AAVV Los Paraos, fue una de las primeras voces en reclamar la mejora del puente: «Preferíamos el ensanche, pero algo es algo».

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