En la provincia tocamos a 3,47 camas por cada 1.000 habitantes, similar a Madrid, algo menor que la media nacional (3,58), un punto por detrás de Cataluña (4,5) y bastante lejos de Europa, donde, de media, hay 5 camas. Para alcanzar esta cifra necesitariamos 792 más o, lo que es lo mismo, otro Clínico como el que hay.
La OMS recomienda
La capacidad de los hospitales públicos y privados de la provincia es de 1.808 camas. Todas en la capital excepto las 111 que existen en Medina del Campo, según el catálogo nacional de hospitales, que puede variar un poco al abrirse y cerrarse a menudo habitaciones en los centros.
Si nos fijamos exclusivamente en las camas públicas, el ratio desciende hasta las 2,73 camas por mil habitantes, una tercera parte de las 8 que recomienda la Organización Mundial de la Salud.
El nuevo hospital
El futuro no es mucho más halagüeño y, pese a la construcción del nuevo hospital, no se solucionará mucho. Tendrá 575 camas, 45 más que el viejo Río Hortega. Además, habrá otras 20 plazas más en el Sagrado Corazón al acabar las obras, y 158 cuando, en dos años, funcione una residencia privada en Zaratán.
Qué dice sanidad
El gerente del hospital, Eduardo García, ya indicó el 23 de enero a 20 minutos que las camas cruzadas no es la solución ideal pero que no hay otra opción ante la masiva llegada de enfermos, sobre todo con la aparición de la gripe y los catarros.
Ayer fue el día en el que más habitaciones se han triplicado en este invierno. Se ha pasado de 30 del domingo a las 56 de ayer.
«Hoy no quedaban camisones»
Los trabajadores no dan a basto y los enfermos se resignan a una situación muy incómoda. La planta primera del Río Hortega, con once habitaciones triplicadas, y la séptima, con quince, se llevan la palma.
Allí, como en el resto del hospital, las enfermeras y las auxiliares están agotadas. «Aunque parezca una bobada, cuanta más gente hay más trabajo tenemos y no ponen más personal», dice una auxiliar. «Hay muchas cosas que hacer y muchos enfermos dependientes a los que hay que ayudar a comer, cambiarles los pañales...», aclara.
En el interior de estas habitaciones la situación es bastante complicada. «Aquí estamos amontonados. ¿Quejarnos? ¿Y para qué sirve?» dice la hija de una ingresada. «No, no. El trato de las profesionales es muy bueno. Se las ve que no dan a basto, pero son muy amables», comenta una paciente. Su opinión es compartida en la mayoría de las habitaciones, donde la televisión queda justo encima de la cama supletoria. «No, armario no tengo; ni botón para pedir ayuda. El oxígeno viene desde el otro lado y el camisón es el de ayer. Nos han dicho que hoy no quedaban».

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