Las encuestas demuestran que hay más personas a favor de la ley que en contra. Pero muchos portugueses podrían no ir a votar siquiera y el resultado es vinculante sólo si el 50 por ciento del electorado acude a emitir su voto.
Hay divisiones profundas respecto a este tema, sobre todo entre los jóvenes y los adultos y entre la población rural y la de las grandes ciudades como Lisboa y Oporto, en uno de los países más pobres de Europa occidental.
'Los números estarán muy igualados, pero creo que ganará el sí', dijo Rui Oliveira Costa, un encuestador para Eurosondagem. 'La abstención será alta, entre el 45 y el 55 por ciento', agregó.
En Europa, Portugal es uno de los pocos países - junto con Irlanda y Polonia - que tiene límites estrictos en cuanto al aborto. Es permitido en casos particulares como violación, deformación del feto o riesgo para la salud de la madre.
El primer ministro socialista Jose Socrates está haciendo campaña para cambiar la ley, advirtiendo de que al abstenerse se mantiene la 'vergüenza nacional de los abortos clandestinos.'
Los que están a favor del cambio de la ley se centraron en los aproximadamente 23.000 abortos clandestinos que se practican cada año, generalmente en condiciones que ponen en peligro las vidas de las mujeres.
Otras mujeres evitan la prohibición cruzando la frontera con España, donde el aborto es legal desde 1987.
El bando del 'no', que aboga por la vida, dice que un voto a favor hará aumentar el número de abortos, el coste en sanidad para el estado y que sentará antecedentes para presionar por otras leyes.
'Se abrirá un camino peligroso si se permite el aborto en Portugal', dijo Antonio Pinheiro, militante del movimiento Juntos por la Vida.
La Iglesia Católica advierte de que si se legaliza el aborto habrá un deterioro moral y se abrirá el camino para otros cambios sociales como los matrimonios homosexuales. Los católicos representan el 90 por ciento de la población portuguesa.
Portugal celebró un referéndum sobre el tema por última vez en 1998, cuando sólo el 32 por ciento acudió a votar, haciendo inválida la votación. El primer ministro socialista de ese momento, Antonio Guterres, era católico practicante y se opuso al cambio.
La propuesta de los socialistas es permitir el aborto durante las primeras 10 semanas de embarazo, con lo cual Portugal aún mantendría una ley relativamente conservadora. Los países europeos que permiten el aborto autorizan llevarlo a cabo en una etapa mucho más avanzada del embarazo.
/Por Axel Bugge/. *.

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