Entre el apelotonamiento de la gente, el ruido continuo de los coches y la frialdad del paso del tiempo, unos personajillos voluntariosos indumentados con un gorro de cartero y un monopatín, llevarán el amor y la amistad a toda la gente que solicite sus servicios.
De momento, en los últimos dos años han entregado unos 50 mensajes de amor de parte de gente enamorada que les contrataba.
Para conocer su existencia hay que retroceder diez años atrás en el tiempo hasta Bélgica. Su misión consiste en hacer florecer sentimientos que pocas veces se tienen en cuenta. Lograrán arrancar expresiones de sorpresa, dulzura, admiración y curiosidad. Todo menos la pasividad.
El 14 de febrero tendrán una Oficina de Correo Sentimental en la Calle Preciados. Permitirá a la gente contratar a un cartero para regalar una sorpresa a una persona que quiere.



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