Mano en la Lata, los niños fotógrafos de una favela de Río que fabrican sus propias cámaras

Yasmin Lopes
Foto realizada por Yasmin Lopes (15 años) (Cortesía de Mão na Lata)
  • Los muchachos del colectivo, de entre 10 y 17 años, trabajan con cámaras estenopeicas que fabrican ellos mismos con bidones y latas de conservas.
  • Retratan la vida en la favela de Maré, una de las más pobladas (más de 130.000 vecinos), elaboran trabajos de narrativa fotográfica y hacen autorretratos.
  • Acaban de publicar en libro el fotoensayo colectivo "Cada día mi pensamiento es diferente", sobre el que también han producido un vídeo documental.

La foto, una toma en gran angular, muestra a dos niñas sentadas de espaldas a la cámara ante un paredón desnudo. Las melenas de las crías, la quietud de sus relajadas posturas y la soledad ingrata del cemento permiten pensar en un momento reflexivo o de simple indolencia en un lugar aislado.

La autora de la foto, Yasmin Lopes (15 años), explica la intrahistoria de la imagen, que sucedió cuando tenía 10: "Nos habían dado las notas en la escuela. Normalmente yo era buena alumna y estaba tranquila, pero ese día fue horrible porque suspendí. Me fui de casa corriendo. Mi hermana me preguntó qué pasaba pero no quise decírselo y empecé a llorar. Luego, en casa, mi madre me preguntó: '¿Qué te sucede, Yasmin?'. Le dije: 'Suspendí el examen' y ella respondió: '¿Por eso lloras? Pensé que por algo importante'. Ahora nos reímos de aquello".

Uno de los barrios más deprimidos de la megalópolis

Yasmin vive junto con otras 130.000 personas —podrían ser muchas más, no hay censos exactos— en la favela de Maré, al norte de Río de Janeiro. El lugar, uno de los barrios con peor índice de desarrollo humano de la inmensa metrópoli brasileña, no ofrece razones para ser feliz, pero la niña sí las tiene: pertenece al colectivo Mão na Lata (Mano en la Lata), un proyecto educativo con diez años de historia y un éxito creciente basado en la fotografía. Los muchachos del grupo acaban de editar un libro y un documental titulados Cada dia meu pensamento é diferente (Cada día mi pensamiento es diferente), basado en la narrativa en imágenes de textos del acontecer diario en la gran favela.

Romper con la idea de que los profesores son portadores del conocimiento  El colectivo, por el que han pasado ya decenas de críos y adolescentes del barrio, empezó en 2003 por iniciativa de la fotógrafa Tatiana Altberg, que todavcía recuerda la aprensión y desconfianza en sí misma del primer día en que pisó las colinas de Marè para una iniciativa de educación extraescolar que organizaba el grupo comunitario Redes de Desenvolvemento da Maré. "Las primeras clases fueron difíciles, pero pronto aprendí que debía compartir mis conocimientos de manera horizontal, rompiendo con la idea de que los profesores son los portadores de todo el conocimiento y los estudiantes deben comportarse como receptores pasivos", dice.

"Hacer fotos, crear mundos nuevos"

El primer movimiento de Altberg fue colocar los pupitres en círculo para que todos fuesen visibles entre sí. El segundo, fue optar por la fotografía como medio educativo para "hacer fotos, contar historias, inventarlas, crear mundos nuevos" y hacerlo de manera que se tratara de un juego. Como los fondos económicos eran casi nulos, optaron por fabricar sus propias cámaras y se introdujeron en la fotografía estenopeica (pinhole), aquella que no requiere de la intervención de un sistema óptico.

Los críos echaron mano del material más abundante en los desperdicios: bidones y latas de conservas Como cualquier caja negra es válida para hacer una pinhole, los críos echaron mano del material más abundante entre los desperdicios del barrio: bidones y latas de conservas —de ahí el nombre del colectivo—. Sellarlos completamente con cinta aislante, colocarles dentro película o papel fotosensible (que consiguieropn a través de donaciones de material caducado) y abrirles un pequeño agujero para dar entrada a la luz fueron los pasos siguientes.

Reflexión crítica sobre el mundo

Armados con sus cámaras de lata, los muchachos se lanzaron a narrar sus vidas, la del barrio e incluso se atrevieron a ilustrar con imágenes textos de los escritores Jorge Amado y Joaquim Machado de Assis. La idea de Cada dia meu pensamento é diferente está basada en este último. "La capacidad de crear narrativas, ya sea en forma de imágenes o de texto, es esencial para el auto-reconocimiento y la reflexión crítica sobre el mundo. La combinación de la palabra y la imagen permite a los chicos el desarrollo de la capacidad narrativa de una manera lúdica y divertida", explican desde el colectivo.

Los ensayos fotográficos llevan a los jóvenes a la lectura y la escritura Los posibles caminos para conseguir despertar la capacidad de contrar son "infinitamente variados", añaden. "Construimos narrativas escritas a partir de fotografías, cuentos, películas y letras de canciones. También tomamos caminos inversos fotografiando las narrativas creadas por los participantes o por otros autores. El ejercicio de la realización de ensayos fotográficos de sus propias historias permite a los jóvenes la posibilidad de placer de la lectura y la escritura", explican.

"¿Dónde está el botón?"

Aunque los fotógrafos reaccionaron inicialmente con sorpresa e incredulidad hacia la técnica del pinhole —"¿dónde está el botón para hacer la foto?", era la prregunta más frecuente, recuerda Altberg—, pronto aprendieron a gozar la sorpresa y la magia de la forma de fotografía tradicional más básica. En el blog del colectivo hay, por ejemplo, una maravillosa colección de autorretratos, concebidos como un ejercicio para que los chicos se vean a sí mismos, sean también capaces de revelar cómo es el medio en el que viven, "la casa del fotógrafo, los amigos, la familia y las calles" y tengan la capacidad de mostrar en una imagen "un estado de ánimo, un poema o un paisaje".

Un espacio colectivo para la escucha donde las diferencias coexisten Una década después de su llegada a la favela, Altberg ya no padece de las dudas iniciales. "Hemos sembrado la semilla del pinhole tanto dentro como fuera de Maré. Los miembros iniciales de Mão na Lata han seguido caminos distintos, peros llevan en su interior una pequeña semilla (...) Después de diez años del proyecto, nuestro mayor reto sigue siendo el mantenimiento de este espacio de encuentro, un espacio colectivo para la escucha donde las diferencias coexisten, donde se valora y respeta la singularidad de cada miembro", escribe la coordinadora en el libro Cada dia meu pensamento é diferente.

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