¿Por qué es tan importante?
Ya lo dijo un filósofo: lo que no se nombra no existe. El lenguaje no visualiza a la mujer. Es una cuestión de justicia. Las palabras expresan pensamientos y sentimientos, por eso no debería ser denigrante para el 52% de la población mundial.
Es difícil luchar contra siglos de uso del lenguaje, ¿no?
También le resultó difícil a Clara Campoamor lograr el voto para la mujer y al final lo consiguió. Hay que tener constancia.
Los fallos más comunes.
No nombrarlas por ejemplo en sus carreras: ingenieras, médicas, arquitectas... Y usar los que llaman neutros-masculinos para generalizar, como ciudadanos o padres.
¿Qué palabras tendrían que desaparecer?
Coñazo, zorra, ligona. Todas aquellas que menosprecien a las mujeres. La mayoría de ellas puestas en masculino denotan todo lo contrario.
Lo primero que hay que hacer para cambiarlo...
Hay que empezar con los niños, en su educación. Identificarlos según su sexo. Lo tenemos muy fácil porque si alguien piensa que decir «alumnos y alumnas» es muy pesado, se pueden usar términos como «alumnado». Hay que cambiar las costumbres.
Novedad para este año.
Vamos a pedirle al Gobierno que en el Congreso de los Diputados incluya también «diputadas». Hace un siglo estaba bien, sólo había hombres. Pero ya se ha quedado obsoleto. c. ortega
Bio. 47 años. Vive en Córdoba pero se define como «ciudadana del mundo». Lleva 25 años luchando contra el sexismo.


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