«Las mujeres –afirma Elena Morales, autora de la investigación– tienen los mismos prejuicios que los hombres y eso provoca que se siga repitiendo el rol de la mujer cuidadora de hijos o de enfermos, que se presuponga que sabe cocinar mejor e incluso fregar los platos con cierta destreza».
Morales ha llegado a esta conclusión tras entrevistar a 139 parejas de andaluces entre los 30 y los 55 años, la mitad de ellas con mujeres que exclusivamente se dedican a ser amas de casa.
Poder sexista
«El hombre –continúa Morales– tiene más poder físico, económico e ideológico dentro del hogar, mientras la mujer sólo lo supera en obligaciones sociales (tareas domésticas). Sigue supeditada al hombre, pero de forma más sutil porque ya no se utiliza la fuerza física, pero sí el pensamiento sexista, que es más peligroso».
La forma de acabar con el machismo, dice la psicóloga, es trabajar con las mujeres en la ruptura de los prejuicios «porque tienen capacidad para influir en sus parejas».


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