Cuando las zonas del cerebro afectadas dejan de recibir sangre, dejan de llegarles los elementos que las hacen funcionar. Así, llegan síntomas habituales como la dificultad en el habla, falta de estabilidad, dolores de cabeza, entumecimiento de extremidades, etc. Es decir, que el cerebro deja de tener control sobre funciones fundamentales en la actividad de la persona.
En el 85% de los casos, el ictus tiene un origen isquémico, es decir, provocado por la ausencia de circulación sanguínea; mientras que un 10% se debe a alguna hemorragia interna.
El último año aparecieron 123.000 nuevos casos, de los que 26.000 resultaron mortales. El 30% de los afectados que sobrevivieron al primer ataque requirió asistencia para las actividades de su vida diaria, el 20% para moverse y el 16% precisó asistencia en centros especializados.
Vista al presente...
Gilberto Dumont. Enfermo de ictus cerebral. 71 años.
«Hace un par de años sufrí una crisis que me dejó en situación crítica durante nueve meses. Ni en la Seguridad Social ni en las clínicas privadas daban un duro por mí. Tuve la suerte de que mi familia recurrió al centro San Vicente, donde empecé a recuperarme. Al principio sólo balbuceaba como un niño, pero ahora he recuperado mucho de lo que perdí. Soy ingeniero en Telecomunicaciones, hablaba cuatro idiomas y de joven hacía mucho deporte: practicaba lanzamiento de martillo. Después del ictus he tenido que aprender a usar mi cerebro como si fuera un niño en la escuela. Ahora hago muchos ejercicios mentales y de memoria para pescar las palabras que no están en el cerebro y que me cuesta recordar. Aunque sólo me queda el inglés y me cuesta mucho escribir, físicamente estoy bien y puedo hablar, puedo volver a expresar con palabras todo lo que era antes de sufrir la crisis».
... mirada al futuro
Fernando Sanjuán. Neurocirujano. director Unidad Asistencial San Vicente.
Cuando se produce el ictus es fundamental actuar en las primeras horas para someter al paciente a un tratamiento de fibrinolisis: disolver el tapón formado en la arteria cerebral. Recuperando la circulación sanguínea en el cerebro lo antes posible se evitan daños en la periferia del centro de la lesión y sus consecuencia en las funciones cerebrales del individuo. Antes del ictus es muy importante la prevención, pero si llega, también es vital la neurorrehabilitación; es decir, un tratamiento interdisciplinar que permita recuperar las funciones perdidas. Desgraciadamente, en nuestro país existen muy pocas unidades hospitalarias de ictus y centros de rehabilitación neurológica.

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