Lo que peor llevo es lo del horroroso chaleco del uniforme y tener que estar pendiente de que no se me gasten las pilas de la linternita. A veces es un poco cansado, porque me paso el día de pie y casi no veo la luz natural del día. No me pagan mucho, pero a cambio tampoco me han pedido unos requisitos extraordinarios.
Mi jefa, Elvira, sólo me ha dicho que sea amable con los clientes, que los trate de usted y que no los empuje, porque les sienta muy mal». «Bueno, no está mal… ¿Y en qué cine me has dicho que trabajas de acomodador?». «¿Cine…? Pero si yo curro en el metro, en los andenes de la Línea 6».

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