Un hombre de nacionalidad ecuatoriana, de unos 40 años, fue detenido este sábado por el Cuerpo Nacional de Policía como sospechoso de atacar a su mujer, O.K.T., de la misma nacionalidad, y a un acompañante, un ciudadano español, en un suceso en el que ambos murieron como resultado de las heridas causadas por arma blanca.
Según informaron fuentes cercanas a la investigación, la pareja fue sorprendida por el presunto homicida en el domicilio de ella, situado en el tercer piso del número 11 de la calle Málaga.
El presunto homicida habría accedido al piso, el tercero primera, por el balcón de la vivienda contigua, después de que una vecina de 76 años le hubiera dejado pasar a su domicilio.
Alba, una mujer colombiana que compartió piso con el matrimonio durante ocho meses del año pasado, explicó que O.K.T., de unos 30 años, había echado de su casa a Augusto el jueves.
Con orden de alejamiento
Añadió que hace un mes el sospechoso había pasado tres días detenido por una agresión anterior a su mujer, a la que había golpeado en la cara, lo que motivó que le fuera impuesta una orden de alejamiento.
Comentó, sin embargo, que la víctima había permitido volver a su marido a la casa pese a la agresión.
La Policía fue alertada por la hija de la vecina que había dejado pasar a Augusto al piso de su mujer horas antes.
Según explicó esta testigo, su madre le había llamado asustada por los gritos de socorro que había oído en el piso de al lado.
Varios testigos vieron salir después al sospechoso con el torso desnudo y un cuchillo manchado de sangre en la mano, envuelto en su camisa.
El ciudadano español atacado en este suceso, que al parecer mantenía una relación sentimental con la otra víctima, murió en el piso.
La mujer fue asistida en la vivienda por personal médico del 061, que la trasladó al hospital Son Dureta, en cuyo quirófano falleció horas después.
Alba, la ex compañera de piso de la pareja, explicó que el matrimonio tenía dos hijas en Ecuador, de 7 y 13 años, aproximadamente.
Agregó que estaba previsto que las dos niñas se reunieran con su madre en Palma la semana que viene, porque habían conseguido el permiso de residencia.
La fallecida tenía a su vez permisos de residencia y trabajo y un contrato en la cadena de supermercados Mercadona, empleo que compaginaba con otro en un bar.
El presunto homicida, en cambio, no tenía un empleo estable y, ocasionalmente, trabajaba como albañil y pintor.

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