El Tribunal Supremo italiano ha confirmado una orden del juez de investigaciones preliminares de Messina (Sicilia), que prohíbe la entrada a los estadios a aficionados que increpen a los jugadores con cantos de tipo racista.
La decisión del Supremo, que además obliga a los culpables de coros racistas en los estadios a presentarse ante las comisarías antes y después de los partidos que se disputen en su localidad, hace referencia a lo acontecido en el partido Messina-Inter de Milán, del 27 de noviembre de 2005.
En dicho encuentro, seguidores de Inter profirieron desde las gradas cánticos racistas contra el jugador local Marc André Zoro, nacido en Costa de Marfil, quien, harto de ser objeto de los insultos racistas, en un momento del partido intentó abandonar el terreno de juego; lo que no hizo al final tras la intervención del árbitro y de jugadores de ambos equipos.
El racismo es violencia
Según el Supremo, las frases racistas, entre otras cuestiones, expresan "formas de desprecio y de marginación en relación a individuos o grupos pertenecientes a comunidades étnicas y culturales distintas, a menudo consideradas inferiores".
Por todo ello, según reza la orden, "una persona que entone cánticos en el contexto de una manifestación deportiva, contra un jugador de color, excitando el desprecio hacia él con gritos de intolerancia, hace incitación e inducción a la violencia".

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