Luis Arribas: "La periferia es un estado mental, no sólo una definición urbana"

Luis Arribas Sandonís
El escritor y bloguero de 20minutos.es Luis Arribas Sandonís.
  • 'Periferia Negra' (Falsaria) es el primer libro de relatos del escritor Luis Arribas.
  • Once píldoras literarias a las orillas de esas zonas urbanizadas que llamamos ciudades y que no sólo tienen que ver con la arquitectura.
  • Hablamos con el autor sobre qué esconden los bordes urbanos y sus habitantes.

"La literatura breve es como hacer zapping". Lo dice el escritor novel y bloguero de 20minutos.es Luis Arribas Sandonís (Barcelona, 1970), autor de los once cuentos —y de tantos otros no publicados— que conforman su primera obra, Periferia Negra (Editorial Falsaria 2013), un conjunto de relatos urbanos con un punto de oscuridad vital en común.

Me gusta irrumpir en la acción y después fijarme en las emociones. Y mientras duren, escribiré sobre ellas Arribas se decanta por las historias cortas —un "género cómodo" en este mundo sin tiempo— como lector y como escritor, una faceta algo nueva de su vida que comenzó hace un par de años "de forma autodidacta y a base de práctica".

En sus ratos libres este catalán de nacimiento también corre. "En todas las clases de los ochenta había un chino, un gordo y un orejas, yo era el gordo de la mía y mis padres me apuntaron a atletismo a los diez años en Alcobendas", cuenta sin una pizca de ironía.

Se define lector voraz, pero en realidad su pasión por calzarse unas zapatillas y narrar durante horas frente a un teclado se unió cuando corriendo el autor empieza a descubrir personajes cuyas vidas merecen ser contadas. Soledad, agravio, familia, sexo, maltrato, suicidio, crimen, hasta ciudadanos de la vida gatuna se esconden tras los párrafos de Periferia Negra.

Aunque sus cuentos no habrían acabado publicados negro sobre blanco —y ahora también en ebook— si la joven Editorial Falsaria no hubiese apostado por su talento para hilar palabras. Se trata de un proyecto colectivo que funciona como una red social literaria que conecta autores independientes que escriben en español a ambos lados del Atlántico. El resultado son cien intensas páginas que albergan once píldoras literarias a las orillas de esas zonas urbanizadas que llamamos ciudades.

Trabajar, bloguear, criar, amar, correr, escribir... ¿la literatura para ti es pasión, huida, las dos...?

Puede decirse que mi itinerario vital me ha disparado de una periferia a otra La literatura me la presentaron tarde. Al menos más tarde que otros placeres. Y tuve que entrar por la mitad y con todos los sentidos abiertos. Hay mucho de placer y algo de huida pero de muy poca distancia. Apenas tengo recorrido para unas horas al día. Ahora me han dejado formar parte del grupo de los escritores y tengo que ponerle más pasión. A ver dónde lleva esto. Es posible que sea también una aventura muy bella.

¿Cómo es eso de sostener un libro con tu nombre en la portada?

Soy uno de los que crecimos con las bibliotecas llenas de tomos, fotocopiamos toda nuestra formación y pedimos prestado todo el fondo de armario a las bibliotecas de Madrid. Ver el nombre en el lomo y en portada es un lujo. Ahora toca transmitir esa pasión a los que vienen detrás.

¿Por qué empiezas a escribir?

Escribo ficción desde el momento en que rompí con mi currícilum. Ya bastaba de artículos científicos. Internet fue la salvación y con el final de siglo empecé a soltarme. Pronto me dí cuenta que tenía aparcado ese capricho. Ser periodista o escritor. La facilidad de hacer circular los relatos por toda la esfera digital hizo el resto.

¿Cuándo sentiste que tus escritos podían ser editables?

Sentí engordar mi autoestima con el primer concurso de relatos, del que salí finalista. Me vi publicado en una antología muy malditísima de la Editorial Lucky Fifteen y algunos lectores anónimos me dijeron que tenía algo personal escribiendo. Algunos incluso se han convertido en amigos y colegas de generación, como Ernesto Ortega o David Vivancos. Ellos también asintieron cuando les mostré materiales nuevos. Así que las culpas están repartidas.

He leído que te gusta relatar despacio, ¿por qué escribir cuentos y no una novela negra donde quepan más detalles?

No hay lugar malo sino habitante con malas intenciones No estoy seguro si el ritmo tiene que ver con la longitud de la obra. Y esto es un vicio del que toda la literatura breve se ha impregnado. Me gusta irrumpir en la acción y después fijarme bien en los detalles o las emociones. Mientras duren, escribiré sobre ellas. También me urge contar ya y ahora las cosas que tengo en la cabeza, no puedo dejarlas para no sé cuando y tenga unos meses para dedicarme a ello a tiempo total.

El libro parece una narración de vidas periféricas o de existencias que están a las orillas de no se sabe bien qué...¿tienen tus personajes algo en común que te cautiva para escribir su historia?

Son historias a las que el éxito, el capital financiero o el glamour les ha pillado algo lejos. En este sentido he escrito empujado por la fuerza que tenía ese carácter periférico. Puede parecer que hay amargura o pinceladas de fracaso en algunas vidas. No sabría decir si eso me atrae o es incluso parte de mi juventud. Y es una idiotez, porque no puedo quejarme de nada en la vida.

¿Qué papel ha jugado la periferia en tu vida?

He ido encontrando personajes mientras corría por las madrugadas de barrios del borde de la ciudad. Me he cruzado con historias en mi discurrir por esos sitios. Por suerte o por desgracia, no he podido vivir una temporada en el centro de Nueva York o paseando charlando con Woody Allen por París. Digamos que mi itinerario vital me ha disparado de una periferia a otra.

Pensar en periferia puede llevar a conceptos como suburbio, soledad, tristeza, pobreza, aislamiento, lejanía, paisajes plomizos, silencio... ¿es un error?

He ido encontrando personajes mientras corría por las madrugadas de barrios del borde de la ciudad Es un cliché. Lo fantástico está en el centro de las ciudades. Menos en los años sesenta, cuando las ciudades norteamericanas se vaciaban y eran un gueto. Pero eso no quiere decir que el centro sea cool y las periferias un sumidero, que estén a las afueras de todo, de manera peyorativa. No hay lugar malo sino habitante con malas intenciones. Si tuviéramos que estirar el concepto, habitante, arquitecto, político o transeúnte.

¿Hay algo común en los bordes de las ciudades del mundo?

Sí. Hay más huecos muertos. En el centro es como si tiramos un papel de cocina sobre un charco: hay una permeabilidad inmediata. Para lo bueno y lo malo. En los bordes de las ciudades me he encontrado unos vacíos que impedían que las ideas y la gente se conectaran. Pueden ser vacíos como un descampado enorme o una autovía que secciona un área, o el vacío de una acera sin tiendas, sin gente paseando y sólo con hileras de coches aparcados. Creo que la periferia es un estado mental, no sólo una definición urbana. Mi relato sobre el centro de la vieja Praga entra y sale constantemente hacia las fronteras de la ciudad pero también de la mente de un personaje.

En los cuentos de Periferia Negra encontramos protagonistas de toda índole, ¿qué hace interesante a un personaje?

En otoño deberíamos leer al fresco, para olvidar el calor Como lector, me llaman más los personajes a los que se les ve el plumero rápidamente. Que no escondan muchos matices. Es posible que todo sea un defecto mío derivado de una carencia general de tiempo. Lo siento, me he criado con el desarrollo de cientos de canales de información de manera simultánea, Internet y las jornadas de cuarenta horas. Como escritor quizá ocurra algo parecido. Si escribo ficción breve me gusta sacar los defectos o virtudes de un personaje a la primera. Antes de que algo más me interrumpa, probablemente.

¿Qué lees estos días?

Tirado al lado de mi cama está El Pibe que Arruinaba las Fotos, de Hernán Casciari. Anoche dejé por el salón de casa Con las Manos en la Mesa, de mi colega de blogs Juan Revenga, el Nutricionista.

¿Nos recomiendas un libro para el otoño?

Algo manejable que se pueda sacar al campo. En otoño deberíamos leer al fresco, para olvidar el calor. Por ejemplo Las Cartas de Groucho.

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