Los amigos de Juan Carlos Delgado, El Pera, un célebre delincuente infantil que a los doce años ya tenía encima un centenar de detenciones, se le fueron muriendo por el camino.
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Cayeron bajo las balas de los ajustes de cuentas.
"El único que se salvó fui yo", recordaba ayer El Pera de camino a La Jungla, cerca de Vicálvaro, el poblado chabolista en el que viven Johnny, Antonio y Samurái, los chavales a los que la Policía sorprendió el domingo a bordo de un coche BMW robado. 20minutos.es lo acompañó.
"¡Sí, sí, yo me voy con El Pera!", decía exaltado Johnny, de doce años, cuando Juan Carlos le preguntó si quería visitar la Ciudad de los Muchachos de Leganés, el mismo centro en el que desapareció para siempre El Pera y renació Juan Carlos, que ahora se dedica al periodismo deportivo, que es asesor de coches de la Guardia Civil y que ayuda a pequeños como ellos.
Se paga "caro"
"Yo ahora soy amigo de esos que me perseguían y que yo no quería", le cuenta Juan Carlos a Johnny y a su hermano Antonio, que lo escuchan embelesados.
Y prosigue: "Este camino se paga muy caro". Su rostro se pone serio. La mirada se endurece y los niños apenas pestañean.
Este camino se paga muy caro: o se acaba en la cárcel o en el cementerio
"O se acaba en la cárcel o en el cementerio", sentencia El Pera.
Los muchachos asienten, acuerdan ir hoy al centro, pero sólo con la condición de que no se quedarán allí.
Antonio, que dice tener 13 años, frente a los 15 que le atribuye su madre, y que ya prestó declaración policial, asegura que nadie le enseñó a conducir.
"Yo metí primera, pisé el embrague y ya está", cuenta.
Lo suyo, dice, fue una aventura: "Yo sólo quería volver a mi casa porque veníamos andando desde muy lejos y vimos el coche".
1.800 menores chabolistas
El Instituto de Realojamiento e Integración Social (IRIS), un organismo dependiente de la Comunidad de Madrid, atiende a 4.000 niños de 0 a 16 años procedentes de núcleos chabolistas o los denominados barrios de tipología especial, como es el caso de La Jungla.
Unos 1.800 de esos chavales, explica el IRIS, malviven todavía en chabolas de la región, mientras que 2.200 ya han sido realojados en pisos de altura.
El IRIS asegura que los niños que atiende están escolarizados y matriculados en 473 centros escolares de la región.

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