La mayoría de las actas levantadas por los inspectores de la Xunta fueron a mariscadores o embarcaciones por no tener el permiso para mariscar, por exceso de topes de capturas, por faenar fuera de horario, por tener artes caladas sin identificación de balizamiento o por vender especies de talla reducida o vedadas, entre otras actuaciones.
Los guardacostas autonómicos realizaron a lo largo de 2006 un total de 6.278 inspecciones en las rías gallegas, 16 cada día.
Vigilancia por aire
En esas revisiones, decomisaron 24 toneladas de marisco, 13.681 embarcaciones y otros recursos para faenar. De estos últimos, 26 fueron barcos y 3.200 fueron aparejos de enmalle. Además de las unidades operativas de los guardacostas, la Xunta también destina a las labores de vigilancia los helicópteros Pesca 1 y Pesca 2, así como los buques de apoyo e itinerantes Sebastián de Ocampo, Irmáns García Nodal y también la embarcación IP700 Paio Gómez Chariño.
Acuerdo tras las protestas
Las mariscadoras de la ría coruñesa de O Burgo son un ejemplo de la guerra a los furtivos. A finales del 2006 protagonizaron cortes de tráfico semanales durante dos meses a la entrada de la ciudad para exigir a la Xunta y al Ayuntamiento que aumentase la vigilancia en la ría, esquilmada por los que recogían marisco sin permiso. Tras muchos días de protesta, esta semana han llegado a un acuerdo con la Consellería de Pesca para cobrar 820 euros por trabajar diez días y regenerar su zona de trabajo. Empezarán el próximo lunes.

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