Al príncipe, que llegaba en un vuelo procedente de Caracas, los policías de aduanas lo confundieron con un impostor en el aeropuerto de Miami. Carlos Felipe había olvidado su pasaporte en Ciudad Guyana y los estrictos funcionarios de aduanas no le creyeron.
Pensaron que se trataba de una persona cualquiera sin permiso de trabajo que quería suplantar la identidad del Príncipe. Al parecer, según revela el diario sueco Aftonbladet, sí llevaba documentación diplomática, pero ésta no consiguió convencer a los funcionarios.
Al día siguiente Carlos Felipe consiguió convencer a los policías de su identidad principesca y sí pudo volar a Wahington, donde el embajador de Suecia en la capital norteamericana le recibió en el aeropuerto.
Según ha declarado el propio embajadora al rotativo sueco, el príncipe no ha quedado traumatizado por la experiencia: "El príncipe es muy agradable y su encanto personal le sirvió para resolver la situación. Creo que consideró la experiencia como algo excitante". Carlos Felipe estudia fotografía y diseño gráfico en Nueva York y había viajado a Venezuela para participar en un documental sobre el científico sueco Carl von Linné.
En Venezuela sí estuvo acompañado por miembros del servicio de inteligencia sueco, pero, según informa la revista "Hola", se decidió que no era preciso seguirle a Estados Unidos por tratarse de un país seguro.

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