Carles Veiret está viviendo una situación rocambolesca desde hace un mes y medio ya que su piso situado en el número 72 de la calle Urgell de Barcelona esta ocupado por seis chilenos que dicen haber pagado un alquiler pactado verbalmente y están amueblándolo.
Los ocupantes derribaron la puerta, cambiaron la cerradura y se instalaron a vivir, según relata este traductor de 41 años en las páginas de El Periódico.
El juzgado número 7 de Barcelona se ha encargado del caso pero la víctima cree que puede tardar un año en poder volver a vivir en su propia casa.
Recomendación
El presidente de la Associació de Propietaris de Catalunya, Lluís Miquel Pahissa, recomienda a las personas que se encuentren en una situación como la de Carles que cambien la cerradura del piso y que eche a los ocupantes sin acudir al justicia ni a la policía.
Mala experiencia
Veiret decidió irse a vivir a este piso que recibió de una herencia después de desalojar por impago a una inquilina que, además, dejó la vivienda hecha unos zorros. Durante unos días el piso estuvo vacío.
A pesar de que escuchó voces en su interior y que gritó para que le abrieran, nadie lo hizo.
Llamó a los Mossos
El propietario no tardó en llamar a los Mossos d'Esquadra que se presentaron en el piso y cual fue su sorpresa cuando apareció uno de los ocupantes diciendo que "llevaba más de un mes y medio en la casa, que había pagado 900 euros a una señora y que no me conocía de nada", explica Veiret en el rotativo barcelonés.
Los Mossos, ante la incredulidad de Veiret, le dijeron que "era mi palabra contra la del otro señor y me recomendaron que presentara una denuncia".
El afectado ha presentado los papeles del piso a los Mossos y al juez, pero la policía autonómica le ha dicho que no pueden hacer nada hasta que no haya una orden judicial.
La puerta abierta
Carles Veiret tiene un amigo que le informa de todo lo que sucede en su piso mientras intenta recuperarlo.
Acudió con su hermano y una cuñada y llamó a los Mossos y a un cerrajero para que cambiara la cerradura, tal y como le recomendaron desde la misma policía autonómica.
El cerrajero desmontó la cerradura con la mala suerte de que no había acabado cuando llegaron los inquilinos que le acusaron de "querer robar en su casa". Los Mossos le hicieron salir del piso y dejaron que entraran los ocupantes.
Las compañías del agua y el gas ya están avisadas de que pueden haber manipulado los contadores y Veiret dice que "no me extrañaría que me lo hicieran pagar a mí".




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