Su padre, Marcelo Moreno, es pintor amateur y recuerda los inicios de su hija con emoción. «Un día, cuando ella aún era un bebé, la vi jugando con las pinturas; me asusté porque creí que se las había tragado cuando lo que había hecho era su primer cuadro», recuerda, orgulloso.
Desde entonces, el interés de Henis por la pintura no ha cesado. De hecho, con apenas un año se reveló nuevamente como una niña atípica. Su primera palabra no fue el tradicional «papá», sino «color». Ha participado en multitud de concursos internacionales de pintura clasificados para adultos.
Ella reconoce que tiene «un don» y que se siente «privilegiada para expresar con la pintura mis emociones». Parte de sus obras están dedicadas a su padre. «Él está en Madrid y el resto de la familia estamos en Ecuador, esperamos irnos pronto allá». Sus obras se pueden contemplar hasta el viernes en la casa de la cultura de Torrejón de Ardoz.




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