El 7 de agosto del año pasado, cuando la invasión israelí del Líbano alcanzaba su cenit, el barril de petróleo marcaba su máximo histórico, 78,6 dólares. En estos cinco meses, los mercados se han calmado y el precio del crudo ha disminuido 27 dólares (un descenso del 34,3%).
Al Gobierno tampoco le interesa que baje mucho el precio de los carburantes, ya que se lleva el 52% de lo que pagan los conductores
¿Por qué no se ha trasladado la misma bajada del petróleo a las gasolinas? Las asociaciones de consumidores aseguran no tener la respuesta, pero afirman que "cuando sube el crudo, repercute rápidamente en el surtidor. Cuando baja, el usuario tarda más en notarlo".
Las compañías petroleras, por su parte, explican que las evoluciones del precio del crudo y del carburante no se pueden comparar, ya que "son dos mercados distintos".
Y ponen un ejemplo. Entre el 1 de enero y el 7 de agosto de 2006 (en plena invasión), el precio del barril de petróleo Brent, el de referencia en Europa, creció 17 dólares (un 28%). En ese mismo periodo, el litro de la sin plomo 95 sólo subió en España 14,5 céntimos (un 15%) y el litro de gasóleo A, ocho céntimos (un 8,6%). Es decir, los combustibles subieron menos que el petróleo.
Los gasolineros, víctimas
"Está claro que la materia prima, el petróleo, influye en el precio de los carburantes", explica Jose Antonio Torres, portavoz de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (Ceees).
Los gasolineros aseguran que son tan víctimas como los consumidores. «En España hay tres petroleras, Repsol YPF, Cepsa y BP, que pactan e imponen los precios. No existe la libre competencia. Nosotros vendemos la gasolina al precio que nos dicen ellas», señala Torres.
En nuestro país hay 8.500 estaciones de servicio: 3.500 son de Repsol, 1.800 de Cepsa y unas 1.000 de BP, el 70% de todo el mercado.
"Al Gobierno tampoco le interesa que baje mucho el precio de los carburantes, ya que se lleva el 52% de lo que pagan los conductores. Las petroleras se llevan otro 42% y nosotros, sólo el 6%", concluye Torres.
Bueno para la inflación
La caída del precio de las gasolinas, sobre todo desde el verano (ya que en el primer semestre de 2006 subieron), ha permitido a la economía española afrontar con cierto desahogo uno de sus mayores lastres, la inflación. Los valores que rozaron el 4% en verano han acabado finalmente en un 2,7%. Gracias a este dato, España afronta con optimismo sus previsiones de crecimiento económico, un 3,7% para 2007.


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