Sarkozy, el único candidato de la formación, fue elegido con el 98,1 de los votos emitidos, que suponían el 69,06 por ciento del total de los miembros del partido.
El 22 de abril se enfrentará a la candidata socialista, Ségolène Royal para ver quién sustituye en el Palacio del Elíseo a Jacques Chirac.
Antes de ser designado, el ministro pidió unidad para intentar terminar con semanas de dañinos enfrentamientos en el campo del centroderecha.
Los repetidos ataques de Chirac y del primer ministro, Dominique de Villepin, han destacado su imagen discordante y que ambos dirigentes no sentirían en absoluto que perdiera en las presidenciales.
Sarkozy - cuya imagen de partidario de la ley y el orden y la línea dura, así como su lenguaje brusco son considerados por sus enemigos políticos como sus mayores inconvenientes - pidió a los 80.000 fieles que acudieron al acto en París que den la bienvenida a todos, una clara referencia a Sarkozy.
'Hemos comprendido que una gran familia es una suma de sus diferencias', declaró.
'Os pido que os respetéis los unos a los otros (...) y os pido que deis una calurosa bienvenida a todos los que vengan aquí, porque necesitaré a todos los que vengan aquí, los necesitaréis, Francia les necesitará', agregó un Sarkozy vestido informalmente,
Según las últimas encuestas, Royal le vencería cómodamente en caso de que hubiera una segunda vuelta el 6 de mayo, con lo que se convertiría en la primera mujer jefa del Estado en Francia.
PREOCUPACIONES
Una encuesta de Ifop publicada el domingo para el Journal du Dimanche mostró que mientras muchos piensan que tiene la capacidad de ser presidente, el 51 por ciento dijo que Sarkozy les hace preocuparse.
Políticos de diferentes bandos culparon en parte a su promesa de librar a los barrios empobrecidos de la 'basura' han alejado a los jóvenes y provocaron los disturbios del otoño de 2005, los peores en 40 años.
Sus arrebatos subrayaron la preocupación de que no pueda aguantar a la presión, y su promesa de que habrá 'una ruptura pacífica' hacen temer que pueda intentar llevar a cabo reformas radicales.
La incorporación de la ministra de Defensa, Michelle Alliot-Marie, una antigua rival, a su campo, podría ayudarle a convencer a los conservadores tradicionales, mientras los centristas rebajan sus reformas económicas, su posición favorable a Estados Unidos y su dura retórica sobre la inmigración.
Su lema, 'Juntos, todo es posible', le muestra con un fondo rural, espera proyectar una imagen presidencial más suave y de consenso.
/Por Jon Boyle/


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