Comienzos
Chistes: De adolescente, escribía chistes compulsivamente. «Obtenía un éxito casi instantáneo». Comenzó a publicarlos en periódicos, y luego le contrataron como guionista de televisión. «Pensaba que sería un buen trampolín. Aprendería a escribir, desarrollaría el oficio, y después escribiría para el teatro».
Fan del teatro: «En mis inicios estaba más interesado por convertirme en dramaturgo. Las películas me parecían tontas. Sólo empecé a interesarme por el cine tras la escritura del guión de ¿Qué tal, Pussycat? Cuando se estrenó no pude soportarla.
Cine europeo: Tras la segunda guerra mundial, las perlas del cine europeo llegaron a los cines de Manhattan. «Comprendí que las películas podían tener sustancia».
Séptimo arte
Actrices: Diane Keaton: «Tiene un enorme talento para lo cómico. Me asombra su amplitud de registro». Mia Farrow: «Es maravillosa. Siempre pensé que estaba infravalorada porque creció en Hollywood»... Además, «he tenido la suerte de trabajar con gente excepcional: Meryl Streep, Helen Hunt...».
Sus ídolos: Bob Hope: «El cómico que mayor influencia ha ejercido sobre mi forma de actuar. Creo que hago de él todo el tiempo, pero no soy ni de lejos tan bueno». Groucho Marx: «Es el otro gran hacedor de diálogos, un genio». Chaplin: « El mejor director de películas cómicas».
Cine terapia: «Es como el paciente que teje cestas o pinta con los dedos, porque eso es terapéutico. Si he invertido diez meses haciendo la película, han sido diez meses de fantasía, habitando mi mundo de ensueño, entonces lo que pase después no es importante». A diferencia de lo que se piensa, «siempre persigo el éxito, pero puedo seguir viviendo si la película no triunfa».
Rompiendo mitos
Ante todo, escritor: «Yo soy un escritor, y los escritores tienden a la reclusión». Con la fama, «tu vida deja de ser un asunto privado, los paparazzi te acosan...» Pero reconoce que «consigues los mejores asientos en el béisbol, la mejor mesa en los restaurantes... Los aspectos positivos de la fama superan ampliamente los negativos».
Trabajo, el justo: «No soy un adicto al trabajo. Eso es un mito. Trabajo de forma informal. Las películas no son mi máxima prioridad. Toco mi clarinete, voy a los partidos de béisbol, veo la televisión. Cuando hago una película, y tengo que estar a esa hora en el Madison Square Garden para ver a los Knicks, me olvido de la toma y me voy al partido».
Patología del personaje
«Cuando estoy tumbado en la cama y escribiendo, se me ocurren unas ideas increíbles. Cada vez tengo la sensación de que voy a escribir Ciudadano Kane. Y luego, una vez terminada la película me siento tan humillado por el resultado que me pregunto dónde metí la pata», dice Allen. Al menos salva algunas de sus películas: Maridos y mujeres y Recuerdos. Respecto a su personaje: «No sé hacer lo que Dustin Hoffman o Robert De Niro. Yo interpreto a un tipo de Nueva York, pero no sería creíble encarnando a un jefe de policía. Así que visto mi ropa habitual y me pongo estas gafas». Pero ahí acaba la cosa: «Todos piensan que los detalles de la historia son auténticos, cuando son meras invenciones».




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