Tiene 29 años y su verdadero apellido es Silverstone. Con raíces neozelandesas y escocesas, empezó como compositora.
Presentó su disco de debut, Breathe In, en España con un año de retraso. El segundo trabajo lo ha dado a conocer antes aquí que en Inglaterra.
¿A qué se debe el privilegio?
Parecía más lógico no esperar. Cuando sacas un disco simultáneamente en todo el mundo, muchos países se quedan sin que les pueda visitar la artista y no quería eso.
Ha dicho que quiere mostrar cómo es su música. ¿Con Breathe In no lo consiguió?
He evolucionado, me siento más madura y tengo más confianza. He conocido gente y he aprendido mucho. Eso se transmite en mis canciones.
¿En qué ha cambiado personal y profesionalmente?
Profesionalmente me siento más relajada y me tomo todo de forma menos seria. En mi vida personal todo es más intenso, valoro más lo que tengo en casa y lo echo más de menos.
¿Podría interpretar canciones escritas por otros?
No lo descartaría siempre y cuando me llegasen. Nunca pretendí que escribir canciones fuera mi oficio, era una manera de darme a conocer, pero lo seguiré haciendo.
Compuso su primer tema a los diez años. ¿De qué iba?
¡Era horroroso! Se titulaba The Sound of Love (El sonido del amor), ¡no puede ser más cursi! Mi madre estaba orgullosa. Ella recuerda que siempre le decía que de mayor quería cantar mis canciones.
¿Se planteó otra profesión?
Como todos los niños quería ser peluquera, diseñadora, bombera... Pero siempre tuve claro que me quería dedicar a la música. Lo que sí me hubiera gustado, y no lo descarto, es trabajar con animales.
Aprendió a tocar el piano de oído. ¿En la música hay que tener un don o todo se puede aprender?
Son cosas diferentes. Siempre he envidiado a la gente que sabe leer una partitura, para mí es una hoja de matemáticas. No tengo ni idea. Pero quizá esto me ha aportado más frescura y me ha ayudado a la hora de componer: tuve que inventarme los acordes que tenía en la cabeza.
¿Qué elementos son esenciales para una buena canción?
¡Si supiera los ingredientes, tendría muchos éxitos! (Risas). Creo que pueden ser cosas muy diferentes: una palabra, una frase... algo que te llegue.
En España, un 70% de los niños dicen que quieren ser famosos. ¿Hay una visión distorsionada de la música?
Mucho, y no lo entiendo; el mundo se ha vuelto loco. Desde Woodstock a los años 90 la música ha perdido todo su misterio. La gente no aspira a nada porque parece que todo es demasiado fácil. Me entristece el mensaje erróneo de que ser famoso te proporciona felicidad, pues no es así. Quien es famoso es feliz porque se centra en otras cosas, pero no busca la fama.
¿Se animará a cantar en castellano?
Me encantaría, es de los idiomas más bonitos. Si lo hiciera, impresionaría a mucha gente… ¡Sobre todo a mi novio! (Risas).

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