El príncipe Michael de Sealand ha puesto en venta su país, el más pequeño del mundo y, aunque esa isla artificial consistente en una plataforma sobre dos pilones de hormigón en mitad del mar exenta de lujos, no tardarán en surgir excéntricos millonarios con aires de grandeza ávidos de comprar "un país".
Las islas y los complejos paradisíacos se han puesto en venta y empieza a ser cada vez más habitual encontrar celebridades del cine o la música que se compren un islote para preservar su intimidad y la de sus familias.
Nicolas Cage se compró una isla en el archipiélago de Exuma, en el Caribe, pocos meses después de que naciera su hijo Kal.
Otros que también hicieron lo mismo fueron el actor Johnny Depp o el magnate Richard Branson, dueño del imperio Virgin y Mel Gibson, que además de la isla también se compró una bolera para instalarla dentro.
Uma Thurman y su ex marido, Ethan Hawke, adquirió una isla en la bahía de Tracadie de Nueva Escocia, Canadá. Lo que les costó no ha trascendido pero los precios de las islas de la zona oscilaban entre 600.000 y 1.500.000 euros.
Uno de los primeros en hacerse con una de estas propiedades fue Aristóteles Onassis, el magnate y armador griego compró la isla Escorpios.
Por su parte, Marlon Brando adquirió una isla situada en la Polinesia. El actor se quedó prendado del lugar después de rodar allí la película "Rebelión a bordo" y al cabo de tres años decidió comprarlo.
Tiempo más tarde Brando construyó allí 13 bungalós que recientemente serán sustituidos por un hotel ecológico formado por 30 villas de lujo.

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