No obstante, el que puede alardear por partida triple es Benedicto Benedicto Benedicto, el único madrileño cuyo antropónimo y sus dos apellidos son iguales que los que ha adoptado Joseph Ratzinger tras ser elegido Pontífice. Benedicto vive en Canillejas y tiene 75 años. Ahora está jubilado, pero ha trabajado en el campo y en un fábrica textil. Admite con sinceridad que «no me ha hecho especial ilusión que el nuevo Papa sea mi tocayo porque no soy creyente», aunque reconoce que «tenía la corazonada de que el nuevo Papa se llamara igual que yo».
Cosas del destino
Considera que lo suyo ha sido «cosa del destino». «Soy el pequeño de siete hermanos y mi padre siempre tuvo la ilusión de llamar a un hijo de la misma forma que sus apellidos». No obstante, recuerda que de niño –en su Teruel natal, donde este nombre es más usado– «me hacían burla». Anécdotas tiene mil, «especialmente cuando voy al médico o al banco, que siempre piensan que les engaño».
Bene, como le llaman quienes le conocen, está casado con Leonila, cuyo segundo apellido, curiosamente, también es Benedicto. Ambos tienen dos hijos, Felipe y Josefina, «y no quisimos continuar con la tradición».
«Me llaman Benedicto XXXI»
En Alcobendas, regenta una pollería, Benedicto Barral, un inmigrante segoviano de 61 años. «Me llamaron así porque antes a los niños nos llamaban igual que el santo del día en el que nacíamos». Ya ha sido motivo de bromas entre clientes y compañeros del mercado de la Constitución donde tiene el puesto. «Algunos ya me llaman Benedicto XXXI, porque tengo el puesto 31 en la plaza de abastos», comentaba ayer con sorna. Sabe, «por lo que me enseñaron en historia sagrada», la vinculación que tiene su nombre con la Iglesia. «Conozco muchos curas y Papas llamados así», explica orgulloso.
Ellas son mayoría
En la comunidad hay pocos tocayos del Papa. Además de los 376 Benedictos que hay empadronados en la región, sólo otros 67 madrileños lo tienen como segundo nombre compuesto. En cuanto al antropónimo femenino, parece que los padres madrileños sí se decidieron a poner a sus hijas este nombre, ya que las Benedictas casi duplican a los hombres: hay 605 empadronadas. No obstante, al menos desde 1987 no ha habido ningún padre que haya registrado a su hijo con este nombre.

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