Los griegos apenas se asoman por aquí. Desde que llegó, Heleanna mantiene la creencia de haber sido la primera en izar la bandera griega en Euskadi. Destaca la bondad de los vascos, por eso, en su fuero interno, cree que también nosotros descendemos de la isla de Creta. «Nombres como Antonio o Andoni y Constantino se usan aquí y proceden de Grecia», remarca con entusiasmo.
En la fonética también ha encontrado alguna similitud. En griego la letra k se pronuncia igual que la tx en euskera. Y a la hora de utilizar las palabras, nos define como grandes habladores. «Pueden estar horas y horas discutiendo sobre filosofía, con la ayuda del txakoli».
Además, los griegos colocaron a sus dioses en la cima de los montes, y le sorprende que los vascos aprovechen cualquier momento para subir a las cumbres. Ahora aspira a que, igual que hacen ellos en los restaurante griegos: tirar los platos al suelo para demostrar la poca importancia de las cosas materiales, también aquí nos fijemos más en los valores inmateriales.
¿Un pero? No encuentra en Bilbao bares con música para bailar. Y nos pregunta: ¿por qué aquí a la gente no le gusta bailar? En su país, la danza es parte de la vida.


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