Como si se tratara de la típica novela negra donde el mayordomo era el asesino, en la joyería de un conocido centro comercial de la capital el ladrón resultó ser el empleado.
Misteriosamente unas 150 alhajas habían ido desapareciendo del local sin que el propietario encontrara pistas.
En su opinión, alguien se las había ido llevando poco a poco.
Los robos se destaparon el pasado noviembre, mes en el que sospechosamente el empleado Diego S. H., madrileño, de 19 años, abandonó el local. Todas las investigaciones apuntaron hacia él.
La Policía localizó en el domicilio de su compinche, Javier I. N., de 29 años y natural de Navarra, 139 piezas robadas. Otras ya habían sido vendidas.

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