Con estas cifras, apenas uno de cada cuatro establecimientos está en condiciones de cumplir con la normativa, en un nuevo desafío tras eludir la obligación de separar a fumadores de no fumadores en los locales de más de cien metros.
Los hosteleros aducen que su negocio no es la venta de tabaco y que lo ofrecen como servicio a sus clientes. Afirman que accionar el dispositivo a distancia los obligará a interrumpir su trabajo, algo imposible en las horas de mayor actividad. Desde la Asociación de Cafés y Bares, Pedro Jiménez advierte: «Si nos complican mucho la vida, lo que haremos es quitar las máquinas».
Las distribuidoras admiten que todavía existe mucho desconocimiento y reclaman una moratoria. El delegado de Ricma, Luis Miguel Ibáñez, asegura que hasta un 25% de los empresarios son reacios a cumplir la norma. En la delegación de Azkoyen reconocen que no encuentran técnicos. «Vamos ahogados», lamenta su representante, Luis Miguel Ibáñez.
Cerco estrecho al fumador
Desde la aprobación de la ley antitabaco, el 26 de diciembre de 2005, la Administración ha establecido un auténtico cerco en torno al fumador. A la prohibición ya existente al hábito en lugares públicos, se sumó la obligación de habilitar espacios separados por mamparas de cristal en los locales de más de 100 metros cuadrados. Además, el lugar de trabajo se ha convertido en un sitio libre de humos. Al menos, de cigarrillo.


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