Para los cinco paleontólogos del estudio, que se publica en el último número de la revista Journal of Anatomy, este descubrimiento es un claro ejemplo de cómo la evolución recicla elementos anatómicos. No es el único caso que nos ofrece la naturaleza.
Otras evoluciones
De nariz a oído: El gogonasus es un pez con esqueleto óseo descubierto en Australia. Habitó la Tierra (en este caso el mar) hace 408 millones de años. Este pez no tenía branquias para respirar bajo el agua, sino una cavidad en el cráneo. Este orificio se convirtió en los descendientres del gogonasus, los vertebrados tetrápodos, en la trompa de Eustaquio u oído medio.
De pata a ala: El antepasado del murciélago se parecía mucho a la musaraña (similar a un ratón, pero emparentado con el topo). Antes caminaba a cuatro patas atrapando insectos para sobrevivir. Su odío ya percibía el tenue eco del batir de las alas de los insectos voladores. La evolución dotó a los murciélagos de extremidades más largas y con membranas que le permitieron volar y cazar más fácilmente.
Las muelas del juicio: El último vestigio de la evolución humana. A nuestros antepasados les servían para masticar los alimentos, más duros al no estar cocinados. Ahora ya no tienen ninguna utilidad. Nuestra mandíbula se ha hecho más pequeña y ya no caben. De hecho, el 10% de la población mundial ya nace sin estas muelas.
La evolución nos recicla
Manuel Salesa. Paleontólogo del museo de ciencias naturales.
Esta investigación muestra cómo la naturaleza recicla partes del cuerpo y las adapta a funciones distintas a las originales.
Pero la evolución es azarosa y no sabemos por qué se produjo este cambio, ya que no tenemos restos fósiles de pandas rojos que habitaran la Tierra en otras épocas. Sí los tenemos de un pariente fósil del panda rojo, el simocyon. Era un carnívoro del tamaño de un puma.
Su pulgar le servía para trepar a los árboles y cazar. El pulgar del actual panda rojo ocupa la misma posición que el pulgar de otros carnívoros como el simocyon, lo que pasa es que está tan desarrollado que le permite manipular la comida.
Hace miles de años el panda rojo utilizaba, como el simocyon, su pulgar para trepar y huir de los depredadores. Con el paso del tiempo evolucionó, de manera que pudiera girar respecto a la palma de la mano (ver didujo de la derecha) e imitar la función del pulgar de los primates.


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