En Bagdad, al menos otras 250 personas resultaron heridas por múltiples coches bomba y un ataque con morteros en el barrio marginal chií de Ciudad Sadr, el incidente violento más mortífero de todo el conflicto hasta ahora.
La masacre ha llevado a los líderes políticos de la mayoría chií y de la comunidad suní, dominante en el pasado, a redoblar sus llamamientos a la calma.
Con Bagdad cerrado a cal y canto por un toque de queda indefinido, los políticos esperan que los líderes clericales se hagan eco de sus peticiones en los sermones del viernes mientras los musulmanes se dividen en las mezquitas de la ciudad.
Una conocida mezquita suní fue atacada con un mortero en un aparente ataque de represalia desde Ciudad Sadr la noche antes.
En Tal Afar, dos extremistas suicidas, uno en un coche y otro con un cinturón de explosivos, mataron a 22 personas e hirieron a otras 26 en un mercado, dijo la policía de la capital regional Mosul.
Situada cerca de la frontera siria y poblada mayoritariamente por habitantes de habla turca, Tal Afar fue en el pasado un bastión para las guerrillas suníes vinculadas a Al Qaeda, pero ha sido mostrada durante el último año por el Ejército de Estados Unidos como un ejemplo de éxito en las operaciones contra la insurgencia.
Los suníes locales se quejan, sin embargo, de discriminación contra ellos por las fuerzas de seguridad iraquíes respaldadas por Estados Unidos y dominadas por los chiíes.
/Por Claudia Parsons y Alastair Macdonald/




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