El pasaporte biométrico, que ya ha sido implantado en Gran Bretaña, dispone de un microchip en el que se incluyen los datos biológicos de la persona.
Aparte de la fotografía, las huellas dactilares y numerosos datos personales del propietario, dicho documento de identidad contiene también la información del iris de los ojos.
El gobierno británico ha insistido en lo ultraseguros que resultan estos pasaportes, pero tal y como explican en un artículo del diario The Guardian del que se hacen eco en Kriptópolis, esa afirmación está muy lejos de ser cierta.
De hecho, cualquier persona que posea un lector de identificación de radiofrecuencia (RFID) puede acceder a los datos cifrados en los pasaportes biométricos.
Con la gran cantidad de información contenida en estos documentos, un delincuente lo tiene mucho más fácil para suplantar la identidad de otra persona y cometer fraudes en su nombre.
Por tanto, según las investigaciones de este diario, el nuevo pasaporte no sólo no es más seguro sino que además aumenta las amenazas potenciales a la privacidad y seguridad de los ciudadanos.




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