Después de meses de regateos, Francia se impuso a Japón el año pasado en su intento por albergar el Reactor Internacional Termonuclear Experimental (ITER, por sus siglas en inglés), de 10.000 millones de euros, que será construido en Cadarache, cerca de Marsella, en el sur del país.
En una ceremonia presidida por Jacques Chirac, representantes de la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, India, Rusia, Corea del Sur y China firmaron el acuerdo del ITER en el Palacio del Elíseo en París, dando por terminado el proyecto tras años de negociaciones.
'Si nada cambia, la humanidad habrá consumido, en 200 años, la mayoría de los recursos de combustibles fósiles acumulados durante cientos de millones de años', dijo el presidente francés, subrayando lo que está en juego con este proyecto.
'(El ITER) es la victoria del interés general de la humanidad', añadió Chirac.
El reactor pretende convertir agua salada en combustible imitando la forma en que el sol produce energía. Sus defensores dicen que sería más limpio que los actuales reactores nucleares, pero sus críticos alegan que podrían pasar al menos 50 años antes de que se construya un reactor viable comercialmente, si es que se llega a construir.
A diferencia de los reactores de fisión existentes, que liberan energía dividiendo átomos, el ITER generaría energía combinando átomos. Pese a décadas de investigación, los reactores de fusión experimentales han sido incapaces hasta ahora de generar más energía de la que utilizan.


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