Gammarelli es desde 1793 el modisto oficial de los Papas, salvo Pío XII, y a él acuden religiosos, cardenales y obispos de todo el mundo. Ahora, como antes del nombramiento de Juan Pablo II, esta sastrería tiene listas tres tallas de sotanas blancas por si el futuro Papa es obeso, delgado o de corpulencia media, así como cuatro pares de zapatos de números diferentes. Los cardenales le habrán encargado sus mejores galas de color carmesí o negro para las ceremonias de estos días, en los que forman auténticas estampas cromáticas en sus ropas sobre las que descansa un crucifijo ostentoso. El rojo, también de los calcetines, recuerda el juramento de derramar su sangre por la Iglesia. Si van de negro llevan estola y solideo (gorro) rojo. El morado es para los obispos y arzobispos. Otros de los sastres del clero son Stefano Zanella y Gianluca Scattolin. En los últimos cinco años han recibido en su taller de Treviso más de 64 pedidos de Juan Pablo II y de muchos prelados italianos, franceses y españoles. Y en España, la empresa Manantial, de Alboraya (Valencia), ha surtido de albas (prenda blanca que va debajo de la casulla) al Vaticano, durante los pontificados de Pablo VI y Juan Pablo I. La austeridad no es una característica de las ropas religiosas. El traje de un cardenal no baja de 2.500 euros de media, aunque depende de dónde se surta y si es o no un cliente habitual de la casa. Como en todo.
A los príncipes de la Iglesia también les importa la moda
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