Con este procedimiento, sólo se atreve a hacer pirola un 3% de los alumnos en la mayoría de los centros. El sistema, similar a una agenda electrónica, registra las faltas en todas las horas lectivas y las comunica cada día a los padres a través de SMS al móvil y de la página web del centro. Además, se envían a casa informes.
A pesar de todo, las pirolas son inevitables, sobre todo donde aún se controla la asistencia a clase al estilo tradicional. En los centros en los que sólo se pasa lista a primera hora, se fuga hasta el 10% de los chavales. «Por mucha vigilancia que haya, los chicos que se quieren escapar lo consiguen», asegura un director. Para encontrar a los piroleros basta con darse una vuelta por parques y bares cercanos a los institutos. 20 minutos los encontró en el campus. Varios jóvenes de 15 y 16 años pasaban la mañana del viernes charlando y fumando porros.
«¿Quién se queda en clase con este día? Estaremos aquí hasta las dos y nos iremos a casa, como si nada. Total, mis padres siempre amenazan con castigarme, pero nunca lo hacen», explicaba una chica de ‘descanso’.


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