Se casaron en su país y ahora viven en Algorta con sus tres hijos pequeños. Lo que más le gusta de vivir aquí es el clima. «Después de mi mujer, es lo mejor que hay en Euskadi, es fantástico; en Austria hace mucho frío todo el año», comenta, encantado de pasar su vida junto al mar; «en mi país no hay costa, y la verdad es que no sé como podía vivir antes sin ella».
Se siente uno más de aquí, aunque todavía hay cosas que le sorprenden. «Me parece increíble ver a la gente tirar un papel al suelo, eso allí es impensable; si no separas la basura te puede caer una multa». Si algo le molesta es el tráfico. Coches en doble fila o conductores gritando desde la ventanilla no es algo a lo que estaba acostumbrado.
La buena acogida que ha tenido entre los getxotarras la justifica diciendo que son gente «muy sociable, más cálidos que los austríacos». Pero también afirma que a algunos les convendría salir más de sus casas «para ver que fuera también hay sitios maravillosos, y donde también se come muy bien».


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