La niña, cuando llamó a la Ertzaintza, también les hizo saber que en una de las habitaciones de la casa solía dormir su padre, Felipe Ardanza, autor confeso del crimen, aunque «últimamente no lo dejaban ir porque se portaba mal», relató ayer el agente, recordando las palabras de la pequeña.
El hermano, tras el crimen, dijo a la Policía que Felipe Ardanza llegó empuñando un puñal y en la casa cogió otro.




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