El cabeza de familia despertó temprano a su compañera, Mirinda, y a sus cuatro hijos: Chispi, de 18 años, Kate, de 14, Pascualín, de 6 años, y el bebé, que tiene 18 días y aún no está ‘bautizado’. A eso de las ocho y media, cuando el parque aún estaba cerrado (abre a las diez), Coco y los suyos salieron de la jaula.
No está confirmado si aprovecharon un descuido del personal o si Coco hizo valer algunos de los trucos que aprendió mientras trabajó en el circo. El caso es que los cuidadores llamaron a la Policía Nacional y que acudieron varias dotaciones.
Para cuando los policías llegaron, los trabajadores del zoo ya habían atrapado a dos de los cuatro hermanos engatusándolos con comida.
A Mirinda, que durante toda la huida llevó en brazos a su recién nacido, también la arrinconaron en un almacén y se la ganaron con yogur. Otro hijo suyo recibió un dardo sedante.
Todos los intentos por reducir a Coco fracasaron y su agresividad, según la Policía, iba en aumento.
«Vi algo sobre un muro y creí que era un obrero, pero luego me di cuenta de que era demasiado peludo», cuenta J. M., un testigo.Ante la inminencia de que saliera a la calle, los cuidadores instaron a los agentes a que le dispararan, según explican desde la Jefatura Superior.
Tres tiros hicieron añicos los sueños de libertad de Coco. Prefirió morir de pie a seguir viviendo arrodillado.


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