La ciudad estaba en calma, aunque los activistas esperaban la llegada de la policía a las cercanías de la universidad y un grupo pequeño de ellos marchaba alrededor del Zócalo, la principal plaza, parándose por momentos y gritando frente a los cientos de agentes federales que la ocupan desde el domingo pasado.
El conflicto, que ha dejado alrededor de una docena de muertos, comenzó en mayo cuando unos maestros que solicitaban mejoras salariales apoyados por el grupo radical de izquierda Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) iniciaron huelgas y concentraciones en la ciudad, ahuyentando a los turistas.
La crisis ha derivado en la exigencia de la dimisión del gobernador, Ulises Ruiz, acusado de abusos de autoridad, corrupción y de reprimir a la disidencia. Sin embargo, Ruiz ha advertido que no renunciará.
'No está en negociación mi cabeza', dijo el viernes a periodistas. 'No estoy aferrado al poder (...), no es aferrarse, yo fui electo democráticamente', explicó.
El turismo es una de las principales fuentes de ingresos de Oaxaca, capital del estado del mismo nombre con mayoría de población indígena y uno de los más pobres del país.
'Ya estamos aquí otra vez, ya volvimos a levantar nuestras barricadas para estar preparados', dijo a Reuters Alberto, un militante de APPO de unos 20 años que no quiso dar su nombre completo.
A su alrededor, cerca de la universidad, que se ha convertido en bastión de los manifestantes, podían verse carritos de supermercado llenos de piedras y cajas con cócteles molotov.
También se veían los restos de la batalla de la víspera en forma de cristales rotos, clavos en el suelo y restos calcinados de autobuses y camiones.
Policías y manifestantes se enfrentaron el jueves durante seis horas con un saldo de al menos 13 personas heridas y 32 detenidos. La policía terminó por replegarse con sus tanquetas de agua y helicópteros por 'prudencia' dijo el secretario (ministro) de Seguridad Pública.
ENTRE LA IRA Y LA CALMA
El grupo que marchaba en el Zócalo gritaba 'Ulises ya cayó, sigue Calderón', en referencia al presidente electo, Felipe Calderón, quien asumirá el 1 de diciembre en medio de anunciadas protestas de la izquierda.
El viernes, algunos residentes se mostraban satisfechos por la presencia de la policía en el centro, pero otros, que viven cerca de la universidad, estaban iracundos porque las bombas lacrimógenas habían entrado en sus hogares.
'Tuvimos que salir corriendo porque el gas nos caía en las casas, eso es una violación de nuestros derechos. La gente tuvo que sacar a sus niños porque se estaban ahogando con el gas', dijo Guadalupe López, ama de casa de mediana edad.
/Por Tomás Sarmiento/.*.


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