Los dinosaurios acudían a santuarios para poner sus huevos de forma conjunta y masiva y evitar, así, que los depredadores acabaran con todas las crías, que seguramente eran custodiadas por un pequeño grupo de adultos.
EFE. 14.04.2005 - 14.39 h
on algunas de las conclusiones de la teoría que defiende el
paleontólogo argentino Luis Chiappe y que explicó horas antes de
pronunciar una conferencia sobre el asunto en
CosmoCaixa.
El hallazgo de "El Santuario"
El interés de este investigador por la
reproducción y la conducta sexual de estos grandes animales surgió por
"casualidad" y está vinculada a un enclave del noroeste de la Patagonia
donde, en 1997,
halló, junto a un grupo de científicos, restos de
cientos de miles de huevos pertenecientes a saurópodos, los grandes
dinosaurios hervíboros de cuello largo, como el diplodocus.
Chiappe todavía muestra su asombro al describir este extenso paraje "
de kilómetros y kilómetros" repletos de fragmentos de huevos de más de 90 millones de años y que sus descubridores bautizaron Aucamahuevo, ya que la zona está presidida por el volcán Aucamagüida.
Excavando en la tierra, hallaron ejemplares
enteros de huevos que albergaban incluso embriones
Excavando
en la tierra, además, el paleontólogo y su equipo hallaron ejemplares
enteros y no erosionados que incluso albergaban embriones de crías de
titanosaurios, un subgrupo dentro de los saurópodos que llegó a ser muy
común en Iberoamérica y también en España, y que podían llegar a medir
30 metros de longitud.
Los dinosaurios acudian periódicamente por
memoria o instinto al lugar para anidar de manera
conjunta
Para Chiappe, la única explicación para tal
aglomeración de huevos agrupados en una misma zona es que los
dinosaurios acudieran periódicamente por instinto o memoria hasta ese
lugar para anidar de manera conjunta y lo hicieran, además, desde
distintas partes desde "quién sabe a qué distancia".
Con esta hipótesis, el científico concluye que estos grandes reptiles tenían
"un comportamiento social complejo", algo poco común en sus congéneres actuales.
La razón para tal conducta tal vez sea la misma por la que las
tortugas marinas reproducen ese comportamiento:
la necesidad de sobrevivir, y
es que, aunque muchas crías de estos dinosaurios habrían sido devoradas
por depredadores, su gran número habría permitido que otras muchas
otras sobrevivieran.
La fecundación
Pero antes del nacimiento, según Chiappe, tendría que haber "contacto íntimo entre el macho y la hembra", aunque
se desconoce cómo dos animales tan grandes podían montarse.
Una vez resuelta la fecundación, la hembra
excavaba en ese "santuario" un nido
donde depositaba una puesta que llegaba a alcanzar los cuarenta huevos
y que, quizá, cubría con hojas y plantas para su protección.
Los huevos medían entre 12 y 15 centímetros y poseían una cáscara
"relativamente fina", a juicio de Chiappe, quien recordó que todavía se
desconoce el tiempo que transcurría hasta que la cría rompía el
caparazón.
Lo que sí sabe, por contra, es que estos reptiles
crecían a gran velocidad, ya que de una longitud inicial de unos 30 ó 40 centímetros podían alcanzar los veinte metros en unos veinte años.
Comentarios del 1 al 6