Ambos llegaron a Sevilla hace tres años. Llevan dos viviendo juntos, compartiendo la calle y un mismo sueño. Viven en una tienda de campaña ubicada bajo el puente de San Telmo, los dos emigraron en busca de un futuro mejor y los dos quieren pasar el resto de sus vidas en Sevilla.
Ella trabajaba en su país de cajera en un supermercado. El sueldo le daba para sacar a su niño adelante. Cuando éste entró en el instituto, decidió venir a España porque no le daba para pagar su formación. Soltonova trabaja hoy en el servicio doméstico. Casi todo lo que gana lo envía a su país, a su hijo.
Él es soldador eléctrico. Su baja nómina fue la excusa para emigrar. Aquí encontró un trabajo de lo suyo, pero sin mucho éxito. «Me dejaron de pagar y abandoné», dice Todorov, que ahora se encuentra en paro.
Dicen que han solicitado plaza en el albergue de la Macarena, lugar que no les satisface porque no hay plazas o sólo pueden estar cuatro días. La pareja busca regularizar su situación. «Sin papeles no hay trabajo digno y sin éste tampoco hay papeles», dicen estos sin techo.


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