Los manifestantes se concentraron en la plaza central de Oaxaca, donde la policía federal esperaba con chalecos antibalas y equipamiento antimotines.
En una entrada a la plaza, los activistas arrojaron piedras y petardos a la policía, que respondió con gases lacrimógenos mientras helicópteros sobrevolaban la zona y el humo de neumáticos quemados invadía las calles.
En un intento por acabar con la crisis, tanto la Cámara de Diputados como la de Senadores exhortaron al gobernador, Ulises Ruiz, a pedir licencia o renunciar, pero el funcionario mantiene su posición e insiste en que no dejará el cargo.
La salida de Ruiz ha sido la principal demanda de los maestros en huelga, activistas de izquierda y grupos indígenas que han paralizado desde mayo la ciudad con barricadas y protestas.
Más de una docena de personas han muerto en el conflicto, la mayoría manifestantes. Los críticos de Ruiz lo acusan de corrupción y de usar matones armados para reprimir a los disidentes.
'Vamos a sacar a Ulises Ruiz, lo haremos con marchas pacíficas, no tenemos armas', dijo durante la protesta del lunes la maestra Leticia Calderón, que tenía un pañuelo sobre boca y nariz.
Tras una operación que dejó al menos un muerto, miles de agentes antidisturbios tomaron el control del centro de Oaxaca rompiendo barricadas el domingo por la noche.
El presidente Vicente Fox había resistido las presiones de distintos sectores para enviar fuerzas federales, pero cambió de opinión después de que al menos tres personas - entre ellas un periodista estadounidense - fallecieran por disparos el viernes, aparentemente víctimas de la policía local vestida de civil.
El gobierno dijo que la policía federal se quedará en Oaxaca hasta que se restablezca el orden, reconociendo que el operativo del domingo no le había dado el control total de la situación.
'El control está referido principalmente al centro de la ciudad', dijo el secretario de Gobernación, Carlos Abascal, el lunes por la noche a la cadena Televisa.
'Estamos en un proceso, gradual, lento' para tomar las riendas de toda la ciudad, añadió.
Oaxaca es una ciudad turística conocida por su arquitectura colonial, las artesanías indígenas y las ruinas prehispánicas cercanas, pero el centro se ha deteriorado mucho en los últimos cinco meses, espantando a los turistas.
Los 'graffitis' cubren muchas paredes, la basura se acumula en las calles, y muchos negocios y restaurantes han cerrado sus puertas.
Las protestas comenzaron con una huelga de maestros en mayo, que rápidamente derivó en hechos violentos después de que la policía intentara acabar con la protesta al mes siguiente.
Oaxaca es uno de los tesoros culturales de México, pero está rodeada de áreas rurales donde abunda la extrema pobreza.
Fox había prometido terminar con la crisis en Oaxaca antes de que su sucesor y copartidario, el presidente electo Felipe Calderón, asuma el 1 de diciembre.
/Por Noel Randewich/.*.


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