Después de algunos choques con manifestantes al entrar en la colonial ciudad, cientos de policías federales estuvieron apostados durante horas en las esquinas de la plaza pública, donde deliberaban grupos armados con palos y piedras.
Pero inesperadamente, cientos de manifestantes abandonaron el domingo por la tarde la plaza conocida como el Zócalo, corazón de una huelga y protesta de maestros de cinco meses a la que se sumaron activistas de izquierda.
Las protestas en Oaxaca habían derivado en actos violentos que habían dejado varios muertos en los últimos días, y exigían la renuncia del gobernador Ulises Ruiz, a quien se acusa de corrupción.
La policía, con rifles automáticos, escudos y cascos, no tuvo que usar la fuerza y desmanteló el domingo las barricadas, tiendas de campaña de los activistas en la desierta plaza.
Pero de acuerdo con un testigo de Reuters, un enfermero yacía en una calle cubierto con una manta blanca y una bandera mexicana. Los manifestantes dijeron que el hombre falleció cuando una granada de gas lacrimógeno lo golpeó directamente.
Según medios locales, los manifestantes dijeron que levantaron el sitio en la plaza pública para evitar un derramamiento de sangre y que su movimiento de protesta continuará.
'La gente va a regresar mañana. Ellos (la policía) vienen muy armados, pero el pueblo no tiene mas que las manos para defenderse a la agresión', dijo Enrique López, un recepcionista de 36 años mientras caminaba por la plaza tras el desalojo.
'Estos policías no son de acá y un día tienen que regresar a sus casas. El gobierno dijo que iba a hacer un desalojo pacífico, pero no es pacífico cuando hay muertos', agregó.
La policía federal había llegado el sábado a la ciudad por orden del presidente Vicente Fox, que había sido presionado por distintos sectores para poner fin al conflicto.
El secretario de Gobernación (Interior), Carlos Abascal, dijo entrevistado por una cadena de televisión que el operativo fue un éxito y que esperaba que los manifestantes volvieran a hacer protestas, pero pacíficas.
Los profesores acordaron el sábado regresar a las clases el lunes, lo que pondría fin a un paro iniciado en mayo que tiene a 1,3 millones de niños sin clases y que originó un conflicto que ha dejado alrededor de una docena de muertos, entre ellos el cámara estadounidense Bradley Will.
Algunos vecinos apoyaron la presencia de fuerzas antidisturbios, cansados del largo conflicto y de las barricadas que han ahuyentado el turismo de la ciudad.
'Estoy hasta la madre (cansada) de estas barricadas, quiero que entren de una vez y ponerlos (a los maestros) en sus lugares', dijo Noemí Gutiérrez.
/Por Noel Randewich/.*.


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