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Sesenta alumnos de la UPV aprenden a ser Sherlock Holmes

El nuevo título de detective privado arranca en Donostia. La creciente demanda de espías en Euskadi incentiva estos estudios.
Decir «elemental, querido Watson» suena bien, pero para que un caso resulte tan diáfano hay un gran trabajo previo. Este mes 60 alumnos han comenzado en Donostia el primer curso del nuevo título de pregrado de detective privado. Les quedan tres años de aprendizaje en el Instituto Vasco de Criminología, adscrito a la UPV.

Estos estudios enseñan tres elementos fundamentales para un detective de hoy día. Primeramente, los alumnos aprenden técnicas de obtención de información. No se trata de dar cuenta de la última innovación tecnológica, «sino de saber qué cauces se pueden tomar para acceder a una información», explica José Luis de la Cuesta, director del instituto. Seguimientos de incógnito a personas por la calle sigue habiendo, pero la labor de análisis de documentos en el despacho va a más. «La sociedad se hace compleja y esta parte es fundamental hoy día». De hecho, éste es el segundo pilar de la titulación.

«Adquirir las herramientas para hacer útil la información obtenida», explica De la Cuesta. Por último, los alumnos conocerán sus limitaciones legales.

Y ¿qué harán 60 detectives en Euskadi? Satisfacer la demanda en alza de las empresas. Los casos de infidelidades en ciudades vaporosas han cedido terreno a «empresas que quieren conocer a su competencia e informarse antes de invertir dinero», explica el director. También a los detectives de hoy acuden padres para saber qué hace su hijo menor de edad de madrugada.

Se pide a De la Cuesta que cuente un caso célebre resuelto por un detective vasco, y responde: «No puedo informar de eso».

Vigilar al hijo las 24 horas

La tecnología ha convertido a cualquier particular en un detective agresivo. El último chillido en dispositivos de seguimiento lleva por nombre un eufemismo, móvil tutor, y permite espiar a un hijo 24 horas al día. Es un teléfono celular que un padre regala a su retoño. El aparato lleva un GPS para saber dónde está, un dispositivo para escuchar sus llamadas y recibir sus mensajes y un micrófono para oír lo que habla. Cuesta 4.500 euros y se puede encontrar en La Tienda del Espía de Bilbao. Su director, Antonio Durán, explica que la mayoría de sus clientes son particulares: empresarios que quieren detectar delitos de sus empleados, parejas de infieles... «Vendemos aparatos sencillos, asequibles y con resultado al 90%».

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