Pasar del calor del verano a los fríos invernales convierte el otoño en la estación de tránsito donde el organismo trata de adaptarse a los rigores que se avecinan.
El cuerpo se prepara para el descenso de las temperaturas, con un aumento del gasto energético, y la disminución de horas de luz.
El tiempo húmedo y todavía templado propicia el desarrollo de muchos virus y bacterias que, conviviendo en espacios cerrados, aumentan el peligro de infecciones, especialmente del aparato respiratorio.
Es el momento estelar de gripes y resfriados.
Alergias
Las esporas de los hongos –presentes todo el año– aumentan durante estos meses, provocando un incremento de las alergias a los ácaros del polvo.
Los cambios de temperatura y de presión atmosférica tampoco son buenos para las personas con artritis reumatoide; sus articulaciones están peor y sienten más dolor, aunque las pruebas científicas no avalen siempre esta teoría.
La disminución de horas de luz solar influye en el aumento de la depresión y la melancolía, además de empeorar algún problema psicosomático como algunas gastritis y úlceras de estómago.
De hecho, el 70% de las bajas laborales por depresión se conceden en los meses de otoño e invierno, según un reciente estudio.
El ejercicio y el aire libre ayudan en los procesos más leves.
Y para colmo, se cae más el pelo.
Es normal perder entre 50 ó 100 cabellos por día en esta época, aunque serán reemplazados por otros en un ciclo natural de renovación.
Si son más, habrá que ponerse en manos de expertos.
Ante la gripe y el resfriado
Para la prevención y el tratamiento de las infecciones respiratorias hay unas normas básicas: higiene escrupulosa con personas afectadas, reposo mientras el estado general esté alterado, evitar aglomeraciones, abstenerse de fumar y de beber alcohol, tomar dos litros de agua al día para fluidificar las secreciones, dormir con la cabeza elevada para aliviar la congestión nasal, realizar gargarismos con agua tibia con sal y bicarbonato, tomar ajo, cebolla cruda o hervida e infusiones (tomillo, eucalipto o menta), utilizar analgésicos si es preciso y, sobre todo, no tomar antibióticos sin receta, que no funcionan contra los virus.


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