La sureña ciudad de Oaxaca, famosa por sus cercanas ruinas prehispánicas, su artesanía indígena y su arquitectura, está sitiada desde hace cinco meses por activistas de izquierda y profesores que exigen la salida del gobernador del estado, Ulises Ruiz.
Responsables gubernamentales confirmaron a Reuters que el operativo se inició con tranquilidad y que, hasta el momento, no ha habido incidentes.
Las fuerzas antidisturbios están levantando barricadas en los accesos de la ciudad y van acompañadas de observadores de derechos humanos, dijo la misma fuente.
Cientos de barricadas hechas de piedras, láminas de metal, madera y vehículos quemados permanecían en las calles el domingo, aunque casi sin manifestantes, que se fueron a sus casas en la madrugada tras una noche de tensión e intenso frío.
El grupo radical de izquierda Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) estaba llamando a los manifestantes a no enfrentarse con la policía y a evitar provocaciones.
Varios aviones cargados con agentes federales, helicópteros y maquinaria pesada se concentraron el sábado a las puertas de Oaxaca por orden del presidente Vicente Fox, pero se mantuvieron a la espera de los resultados de negociaciones de última hora con los manifestantes.
Los profesores acordaron el sábado regresar a clases el lunes 30, poniendo fin a un paro iniciado en mayo que mantiene a 1,3 millones de niños sin clases y que originó un conflicto que ha dejado alrededor de una docena de muertos, entre ellos el camarógrafo estadounidense Bradley Will.*.


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