Hace un año, la periferia de París se convertía en un polvorín de coches incendiados y enfrentamientos en plena calle entre jóvenes y la Policía.
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Cuando se cumple el primer aniversario , con varios autobuses y coches quemados en los últimos días, las autoridades prometen mano dura con "sanciones ejemplares", en palabras del primer ministro francés, Dominique de Villepin.
Además, una marcha silenciosa por las calles de Clichy-sous-Bois, en la periferia norte de París, abre hoy una jornada de homenaje a los dos adolescentes muertos hace un año en lo que supuso el inicio de los disturbios.
La polémica está servida, tras el anuncio del ministro del Interior galo, Nicolas Sarkozy, de distribuir autobuses con efectivos de Policía en zonas donde con frecuencia se producen agresiones, en especial en la periferia de París.
El candidato socialista a la presidencia de Francia, Dominique Strauss-Kahn, pidió a Sarkozy que retire los autobuses policiales si no quiere encontrarse con "un drama", ya que la periferia de París y otros barrios conflictivos "no son terrenos conquistados militarmente que hay que ocupar, sino ciudades donde todos estamos".
El llamado "otoño francés" se prolongó durante meses, causando daños millonarios y deteriorando la imagen exterior de Francia, que impuso un toque de queda y expulsó a inmigrantes implicados.
La chispa que encendió la mecha
El 27 de octubre de 2005, dos adolescentes de 15 y 17 años y ascendencia africana murieron electrocutados dentro de una subestación donde se escondieron al creerse perseguidos por la policía.
Unos doscientos jóvenes comenzaron con los disturbios el mismo día de la muerte de los dos adolescentes.
Una investigación oficial apuntó que la Policía no perseguía a los jóvenes cuando se escondieron en la instalación eléctrica, pero ya para entonces se había producido el estallido de violencia, que se extendió por trescientas localidades de Francia durante tres semanas y pusieron en jaque al gobierno de Villepin.
El número de coches quemados se fue incrementando con los días, desde los 15 del primer día hasta los 1.408 automóviles del 7 de noviembre.
Los daños no se limitaron sólo a vehículos, sino que afectaron también a centros comerciales, escuelas, comisarías, cuarteles de bomberos...
El gobierno desplegó miles de antidisturbios concentrándose en París, pero también en el resto de ciudades medias de Francia. El gobierno pidió ayuda a la Unión Europea, que aportó 50 millones para ayudar a zonas conflictivas.
La cuestión de fondo
Bajo la piel del conflicto, las desigualdades sociales y raciales en los barrios desfavorecidos de Francia.
Los llamados inmigrantes de segunda generación se rebelaron, primero en la periferia de París y después en toda Francia, contra la integración mal entendida y contra la falta de oportunidades pese a ser ciudadanos franceses de pleno derecho.


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