Uno de ellos es el puesto de Josefa Núñez en el puente de Tetuán, que lleva más de 20 años allí. «Siete castañas por un euro», ése es el precio con el que ahora despacha, aunque puede variar dependiendo de lo que le cueste el género.
Núñez relata que la temporada no va demasiado bien a pesar de las últimas lluvias. «Parece que aún estamos en verano», dice. Para ella, los tres meses que tiene para vender –la licencia concluye el 31 de diciembre– son «una ayudita económica». Ayuda como la que a menudo presta a algunos clientes extranjeros: «Les tengo que decir que a las castañas hay que quitarles la cáscara».


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