Isabel Muñoz:
"Nuestro cuerpo es un libro de lo que cada uno somos"

La fotógrafa Isabel Muñoz en su estudio
La fotógrafa Isabel Muñoz en su estudio. (S. González / I. M.) (Sergio González)
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  • La fotógrafa triunfa en Madrid con una retrospectiva de su obra.
  • Sus imágenes sorprenden por su geometría, su contundencia y su explosiva sensualidad.

¿Cómo te iniciaste en la fotografía?

A los trece años ahorré para comprarme mi primera cámara una Instamatic, que está ahora en la exposición. Me dediqué a fotografiar a toda la familia y amigos y demás. Luego me planteé si hacer Exactas o Fotografía y hoy en día me alegro, hubiera sido un desastre si hubiera estudiado la primera de esas carreras.

¿Cuándo te dedicaste a ello de forma profesional?

Cuando empecé el único sitio donde se podía estudiar fotografía era el Photocentro. Allí estudié con mi maestro, Ramón Mourelle, y luego hice de ayudante de Eduardo Momeñe. Luego empecé como freelancer y haciendo todo lo que me salía. Siempre en paralelo hacía mi trabajo personal. Luego me fui a Estados Unidos, cuando decidí que quería añadir la sensualidad del papel de acuarela a mis fotos.

En tus fotos y en tu carrera la técnica es muy importante...

BIO Nació en Barcelona en 1950. Ha recorrido medio mundo y su retrospectiva en el Centro Cultural de la Villa en Madrid (hasta el 29 de este mes) la confirma como una de las grandes fotógrafas españolas del momento.

Sí, considero que la técnica es algo fundamental. Todo hace, es como una buena película; la técnica hay que dominarla para luego olvidarse de ella. Al final lo que queda es la imagen.

De ahí las procesos antiguos (del siglo XIX) de los que te sirves (platinotipos)

La platinotipia (fruto de emulsionar papeles de acuarela con sales de platino) añade sensualidad a la imagen. Se toca con el corazón, con la vista, con tantas cosas; con estas técnicas se le da una gran textura a las pieles y las imágenes.

Sin embargo, al tiempo que te sirves de esos procesos antiguos también has abrazado la fotografía digital...

La mitad de los platinotipos que hay en mi retrospectiva están hechos con fotografía digital. Estamos viviendo un momento mágico. A mí lo que me gusta coger de la fotografía digital es todo aquello que pueda mejorar mi imagen.

¿Cómo decides montar una retrospectiva?

Fue idea de Publio López Mondéjar (el comisario de la exposición) y Carmen García, de Lunwerg. Ellos presentaron el proyecto y consiguieron la sala. La retrospectiva se expuso originalmente en Francia - en formato más pequeño que la de ahora de Madrid- luego en Italia y ahora en Madrid.

¿Cómo elegisteis las fotografías de la muestra?

Intentamos mostrar una trayectoria pero escogiendo especialmente fotos de la última etapa, porque fotografías de series como las del tango y el flamenco estaban más vistas en España. Yo soy muy apasionada y eso me lleva a coger imágenes que igual otras personas no captan, así que me puse en manos de Publio. Está bien que alguien con criterio te ayude con cosas que una muchas veces no es capaz de ver.

El cuerpo es el indudable protagonista de tus fotografías y hasta casi una obsesión...

No, no es obsesión. Ya desde el comienzo cuando hacía arquitectura siempre buscaba la geometría y la forma humana. En el cuerpo y en la danza he encontrado pretextos para hablar de las cosas que a mí me gustan. Yo hago fotos porque me gusta compartir y me gusta comunicar. Por eso hablas de las cosas que te emocionan. Utilizo el cuerpo para hablar de los sentimientos, la gente, la vida, etc.. El cuerpo es un libro de lo que nosotros somos.

Yo hago fotos porque me gusta compartir y me gusta comunicar

¿Y lo de bailar? He oído que te viene de familia

A mí siempre me ha gustado bailar. Empecé con lo del tango por esas fiestas que teníamos cuando era pequeña, esos momentos que suelen ser alegres dentro de las familias. Yo veía a mis padres bailar tango y me parecía un espectáculo. En la danza también he encontrado ese pretexto, la danza también habla de nosotros.

Tus imágenes tienen algo de escultórico y de ambiguas...

A mí la escultura me gusta mucho, jugar con la geometría de la imagen. Fotografiar la escultura como si estuviera viva y de repente que una piel se te convierta en mármol o bronce. En cuanto a lo de la ambigüedad, hay cosas que cuando las das demasiado explícitas pierden parte de su misterio. Muchas veces una imagen lo que te ayuda es a soñar; cuanto menos información tengas más te hace viajar la fotografía.

¿De qué serie te sientes más orgullosa?

Yo no puedo hacer fotos si no me emociono. Lo que puede es la forma que adopta esta emoción. Las fotos de la prostitución en Camboya me tocaron muy especialmente. O el tema de las bandas (maras) y de la violencia en El Salvador. El trabajo de la violencia viene del de Etiopía. Hay tribus en el siglo XXI donde no ha llegado la coca cola, cuyos trajes son pinturas o escarificaciones y que tienen su propia forma de lenguaje. Y luego tienes las tribus urbanas, que también están en el siglo XXI y donde también utilizan su cuerpo como una forma de expresión. Uno de los temas me llevó a otro. Los miembros de esas bandas son todos guerreros.

¿Por qué esa pasión por el viaje?

A mí me gusta trabajar con un tema fotográfico. Eso me hace ir a un país y ver y tocar a la gente de otra forma. No es lo mismo que cuando uno va de turista.

¿Qué es lo que te atrae de África?

Tiene algo mágico, al igual que otros lugares como Irán o Camboya. Me atrae que aunque no lo parezca los hombres son libres, de coco y de muchas otras cosas.

¿Eres bien recibida por las tribus africanas?

No están acostumbradas a ver al fotógrafo con sus equipos. Ellos son guerreros. Su cultura llega hasta la tribu vecina. No pasan de ahí porque si no los matan. Con ellos no hay tanta complicidad como en otros lugares, incluso en algunos tan poco favorables como las cárceles de El Salvador. Al principio mostraban miradas de miedo, porque pensaban que eso era magia. Luego colgaban polaroids de las lanzas como si fueran cabelleras.

¿Cómo surgió la serie erótica el Imperio de los sentidos?

Viendo porno de repente pensé: "Cómo con esos cuerpos tan maravillosos no pueden sacar belleza...". Intento sacar la belleza de la vida y de las partes más oscuras. Se me ocurrió trabajar con gente que se dedica al porno y empecé una serie que todavía sigo.

Casi todas sus fotos son en blanco y negro...

He redescubierto el color gracias a la fotografía digital. Hay series donde la intemporalidad y el misterio que vas buscando con el blanco y negro no es lo que quieres comunicar. Ésas son las que muestro en color. El color es inmediato, contundente y a veces necesitas eso.

Tus últimas fotografías, como las de la prostitución en Camboya, que se publicaron en El País, son más comprometidas. Buscas, como dices en el vídeo que acompaña a tu exposición, "una fotografía que valga para algo".

A mí me gusta evolucionar. Me gustaría que se viera esa evolución. Hay cosas que ves, que te emocionas y de las que tienes que hablar. Lo de Camboya es una de ellas. Es verdad que ahora busco que la emoción sirva para algo. Tenemos la oportunidad de poder concienciar, de poder ser testigo.

¿Cuáles son tus proyectos futuros?

Tengo una expo en Sao Paulo sobre las tribus africanas, otra en Cuba sobre la danza y otra, que estamos terminando, sobre la violencia de las maras en El Salvador. Luego me gustaría irme a México para hacer un trabajo sobre la identidad y sobre la lucha mexicana. La imagen kitsch que tenemos sobre esa lucha no se corresponde con la realidad.

Por último, ¿qué es para ti la fotografía?

Para mí lo es casi todo, junto con mi hijo mi pareja y mis amigos. Algún día me gustaría devolverle todo lo que me ha dado.

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